De las TIC a las TAC

Las tecnologías de la información y la comunicación aplicadas a la educación han recibido el nombre de TAC (Tecnologías del Aprendizaje y del Conocimiento). En definitiva, a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), en enseñanza, nos proponen llamarlas TAC. Así, sin más. Sin embargo, la implantación irreflexiva de las tecnologías, su irrupción sin cambios más profundos en el aula, nos puede llevar a veces a ver simplemente a nuestros maestros con cara de ordenador.

Las TAC deberían ser las Tecnologías para el Aprendizaje Colaborativo. Un medio y no un fin. Algo que nunca deberíamos confundir. Somos conscientes de que para muchos, las tecnologías son efectivamente un fin, con el poder de transformar los comportamientos de las personas. Pero lo fundamental es establecer cambios de paradigma, la diferencia fundamental debe estar entre enseñar y aprender. Eso sí, con las mejores tecnologías que nos permitan los recursos disponibles.

Nos explicamos.

Un ejemplo: si quiero esquiar y voy a una escuela de esquí … ¿Qué me harán hacer? Seguramente no me encerrarán en un aula viendo vídeos o imágenes a través de una pantalla. Si lo hicieran, sabríamos QUÉ es esquiar, pero lo cierto es que no sabríamos esquiar.

Lo que nos propondrán será ponernos las botas y los esquís, decirnos qué grupo nos corresponde por nivel y empezaremos a bajar por las pistas. Así es como aprendo. Pero no sólo aprendo de lo que hago yo o de lo nos dice el profesor, sino también de ver lo que hacen los demás y como salen, aunque caigan, aunque fallen. Este aprendizaje colaborativo se convierte en un reto, que no necesariamente consiste en ganar al compañero, sino aprender de lo que hace para saber más de mi mismo. Y a él le pasará exactamente igual que a mí.

Es decir, el aprendizaje no excluye, sino que complementa la enseñanza e incluso, de forma mucho más impactante. El aprendizaje llega a la motivación trascendente de aquél que quiere aprender. Al contrario de lo que muchos piensan, no es necesario poner aditivos en el proceso, ni complacencias, ni marionetas, para hacerlo divertido y así, que los niños o niñas se “enganchen”. El aprendizaje colaborativo es el juego creativo por excelencia. Lo que siempre habíamos hecho en la calle, aprender jugando con otros niños y amigos.

La razón es muy sólida: en la enseñanza el alumno memoriza los temas, mientras que en el aprendizaje activo funciona la asociación de ideas. La memoria falla, se olvida, y en aquellos momentos de la vida en que por ejemplo necesitaríamos de alguna fórmula matemática nos decimos: ¿recuerdas aquellas ecuaciones de segundo grado? Ahora nos irían bien. Pero no las recordamos.

En cambio, puedes haber dejado de esquiar durante más de veinte años, pero cuando vuelves, te acuerdas. Estaba aprendido.

No acostumbra a pasar lo mismo en la escuela. Las matemáticas (o cualquier otro de los aprendizajes que se nos transmite en la escuela) deberían ser para la vida. Excepto para aquellos que su vida son aún hoy las matemáticas, en la mayoría de los casos nos limitamos a memorizar los conceptos,  no las aprendimos, y por tanto no las recordamos. Es habitual la frase “es que yo soy de letras” “es que yo no sé de matemáticas”. Nos escudamos en que es (o fue) una asignatura de las más difíciles.

Las nuevas tecnologías pueden ser ese gran aliado en el aprendizaje de las matemáticas o de cualquier otra asignatura. Convertirlas en el medio para aprender. Por muchos motivos. Porque la tecnología nos permite estar conectados, y estar conectados nos permite colaborar. Porque las herramientas virtuales nos invitan a investigar, a jugar, a crear y a compartir. En el instante. Tal y como aprendíamos en la calle, compartiendo juegos y experiencias con los amigos. Aunque ahora lo hagamos de forma virtual.

Pere Monràs