Aprender a pensar

¿Cómo se aprende a pensar? Estos días se ha entregado el Premio Princesa de Asturias de Comunicación a Emilio Lledó, quien con mucho acierto y coraje ha dicho refiriéndose a la enseñanza: “Enseñemos a pensar”

Pensar es (según el diccionario IDEC) “ejecutar la facultad de concebir, de juzgar, de inferir”.

Si se trata de aprender, puede parecer lógico desde nuestra perspectiva actual que sea la escuela quien nos enseñe, tal vez mediante una asignatura específica o cualquier otra alternativa mejor. Aunque por otra parte, debemos preguntarnos, ¿no es posible aprender a pensar con cualquier asignatura, con cualquier actividad?

También podemos plantearnos si aprender a pensar es conocer a los “pensadores clásicos”, como solemos llamarles. ¿Pero cuáles? ¿Los clásicos occidentales, la filosofía oriental…?

Llegados a este punto, tiene sentido preguntarnos también qué lógica vamos a emplear en nuestros pensamientos. Podemos pensar como animistas, deistas, materialistas, socráticos, aristotélicos, tomistas, cartesianos, budistas o con lógica cuántica… en función de las temáticas y/o de las creencias de nuestro ecosistema.

Así, pues : ¿Pensar es lo que dice el diccionario? Sin duda también, y todas estas preguntas que nos hacemos parecen tener una respuesta. Pero no todas las respuestas obedecen a una buena pregunta.

La legislación más reciente en materia educativa no hace más que añadir confusión en este tema trascendental, relegando las humanidades a un papel secundario en el aula y oficializando materias según la conveniencia (¿de quiénes?) en cada momento.

A primera vista, la justificación aparente de estos cambios se basa en intenciones puramente prácticas (debemos encontrar la mejor manera de tener trabajo) que sin embargo esconden propósitos ocultos como el adoctrinamiento acerca de cómo los alumnos deberían orientar sus “proyectos de vida” de acuerdo con unas pautas y valores muy concretos.

Pongamos por ejemplo, la sustitución de las clases de Filosofía por las clases de Emprendeduría, como está ahora tan de moda. En lugar de esto, podríamos plantearnos introducir actividades vivenciales algunas horas a la semana para experimentar cómo aprender o debatir sobre lo efímero de cualquier verdad establecida. Tendríamos ocasión de preguntarnos cosas como:

¿Es bueno escuchar solamente, sin preguntar nada?¿Debemos aprender las respuestas o debemos aprender a preguntar y a preguntarnos? ¿Qué hacemos con las preguntas para las que no hallamos respuestas?

Aprender a pensar no es fácil. Hoy nuestra realidad es compleja y diversa. Por ello, casi todos, recordamos muy bien a aquel maestro que nos acompañó en nuestra época de escuela y que, haciéndolo, nos ayudó tanto a caminar por la vida. Con un poco de esfuerzo, podremos reflexionar y llegar a deducir qué tenían en común nuestros buenos maestros y por qué obtuvieron tan buenos resultados: nos ayudaron a pensar (por nosotros mismos).

Propongo volver a la pregunta: ¿sabemos lo que queremos?

Si queremos instruir y preparar en determinadas materias necesitamos profesores que las dominen y, a la vez, sepan seducir. Deben ser capaces de activar la motivación de los estudiantes hasta los niveles más altos para poder asimilar los contenidos de las respectivas materias.

Si queremos planificar cómo formar y educar según unas características precisas, -como todavía se da en las realezas y las élites- la figura escogida es el preceptor. Él es quien configura de forma precisa los moldes mentales, los patrones de lógica y el comportamiento que se esperará de los alumnos.

Si se trata de preparar para el “oficio de vivir” (prepararse para ganarse la vida). De hecho, la vida ya la tenemos ganada. Pero, para la supervivencia es preciso seleccionar con cuidado las materias precisas y dónde acudir para aprenderlas. De esta manera se espera preparar a los candidatos a optar a un puesto de trabajo y acreditarles para que puedan responder a las exigencias del mercado y a los requerimientos de sus organizaciones.

Si se trata de ser, de conocerse a si mismo, de descubrir la propia singularidad y contribuir desde ella a la propia felicidad, añadiendo valor para la especie y la Naturaleza de la que formamos parte, entonces cada instante y cada vivencia se convierten en experiencias que nos permiten aprender. Si queremos aprender desde el ser, debemos entender que nada es estable ni permanente, ni existe la perfección. Todo forma parte de una evolución. Por ello debemos descubrir los vacíos de conocimiento que tengamos, lo que ignoramos, identificar los errores reparables y contribuir a hacernos más preguntas.

Aprender a pensar comporta un compromiso con nosotros mismos. Para lograrlo, no hay otro camino que integrar todas nuestras potencialidades, llenar nuestra conciencia de lo que no tengamos, abandonando patrones mentales y de comportamiento obsoletos.

Debemos aprender a crear, conectar, compartir y, por encima de todo, a amar.Después de todo, quizás la única pregunta relevante que podamos hacernos cada uno sea:

En este momento histórico concreto que me ha tocado vivir ¿para qué he venido?

O dicho de otro modo:

¿Cuál es mi proyecto de vida?

¿Cómo lo defino, lo pongo en marcha y lo integro en la totalidad?

¿En qué escuela aprenderé a construirlo?

La malla curricular en la educación del siglo XXI. Siete preguntas necesarias

Primera pregunta: ¿A quién debe servir la malla curricular? ¿A la ideologia dominante del estado?¿A los mercados y sus necesidades? ¿A la comunidad donde uno pertenece? ¿A la sociedad donde uno vive?

Nos pronunciamos: debe servir a la especie, para desarrollar la dimensión humana en sintonía y correspondencia con el hábitat del que se forma parte (el ecosistema). No se puede sobrevivir en el trópico comportándose como si se estuviera en la zona polar. No crece trigo en la estepa.

Segunda pregunta:  Está bien que fortalezcamos nuestra integración con la Naturaleza, pero ¿cómo?:

Nuestra propuesta: buscando el equilibrio con uno mismo y la armonía con el entorno. Y en esta búsqueda del equilibrio, es interesante recordar el enunciado de Yuval Noah Harari, doctor en Historia por la Universidad de Oxford, cuando investigando qué podemos entender por felicidad nos dice: “podría ser que toda nuestra manera de entender la historia de la felicidad, estuviera mal encaminada. Quizás no sea tan importante satisfacer las expectativas de la gente, y que las personas experimenten sensaciones agradables. La pregunta principal es si la gente sabe de verdad quién es.”

Tercera pregunta: Cierto es y será cada vez más importante, constatar que la capacidad de desarrollar los comportamientos más apropiados al entorno a fin de retomar la dimensión humana en todo lo que hacemos, empieza allí donde esté cada persona, cada grupo y cada cultura. Salimos de un largo periplo de más de  tres siglos, donde el gran avance industrial ha forjado una prosperidad material sin precedentes, simultánea a una globalización hegemónica de la economía, de tal manera que hace imprescindible no olvidar el aforismo de que “aquello que no se puede contar, no cuenta; pero aquello que se cuenta, no es”. Debemos preguntarnos si no va siendo hora de girar el foco de todas nuestras actividades hacia las personas como centro de aquellas. Una respuesta así tiene su fundamento no en un “supuesto humanismo”, sino en el amor y la inteligencia de entender la profundidad del cambio de época que vivimos que exige encontrar en el talento y las forma de organizarse talentosas, en la creatividad no amenazada por cualquier forma de uniformidad, para que la fuente del progreso no sea sólo material sino también de todas las dimensiones humanas. Y hacerlo en el contexto de un escenario planetario.

Cuarta pregunta: Sí, éste es el contexto en que nos movemos, ¿puede haber una educación que no entienda la necesaria correspondencia entre los múltiples agentes educativos diversos y una nueva identificación de contenidos sin compartimentarlos en disciplinas aisladas y parcializadas de conocimiento? ¿puede educarse sin atender a la formación del yo personal de cada estudiante para que encuentre la fuerza de su propio talento, su propia luz? ¿cómo intentar preparar niños y jóvenes, que deberán atender principalmente, situaciones de imprevisibilidad y situaciones inciertas, con decisiones arriesgadas y inéditas sobre la propia existencia? ¿se puede prever ante la aceleración tecnológica y compleja del mundo que ya está aquí, la preparación de los futuros responsables de lo que vendrá, si no es activando la conciencia, no sólo la proporcionada por la razón, sino la conciencia sensorial y trascendente? (como resumía Pascal gran matemático): “El corazón tiene razones que la razón no puede entender” ¿Debemos confiar en nuevas  especies, como la robótica u otras alternativas, para la superación de aquellos retos que hemos provocado, sin que nos atrevamos a superarlos nosotros mismos? ¿Tiramos la toalla y como en consecuencia, dejamos que sea el mundo científico quiénes, a lo mejor con escasa confianza en la especie como un todo, sea la que propicie soluciones no humanas? ¿Será superior la confianza en algo nuevo, de naturaleza mayor que la que depositamos en nosotros mismos como especie? ¿Podremos constatar que nosotros como individuos somos muy inteligentes, pero que, como especie, somos idiotas? ¿Es que sin especie, hay individuos?

Quinta pregunta: Crecer uno mismo, aprender quién eres y qué quieres, saber decidir sabiendo en profundidad “lo que quiero y lo mucho que lo quiero” (sic Nilton Bonder), comprometerse no por el análisis de las razones, sino por el impacto social de las consecuencias de las decisiones. Aprender a discernir razonando los aspectos de nuestro compromiso para poder minimizar riesgos, ¿no es ello de mayor enjundia, para sacar adelante y construir el futuro de la especie y del planeta? ¿Que sea muy difícil, que no estemos preparados para llevarlo a cabo, que no es lo que habíamos aprendido a hacer? Pues, empecemos enseguida, sin perder tiempo a aprender de nuevo lo que ahora se precisa, desaprendiendo aquello ya obsoleto. Con lo que hacemos y hemos hecho hasta ahora no tenemos suficiente, ni podremos bajar los enormes porcentajes de fracaso escolar, pero sobre todo formaremos ineptos para la vida a costes muy altos que nos demostrarán que el sistema de la eficiencia (el actual) es totalmente ineficiente. No lograremos una necesaria educación para los retos que tenemos, aprobando asignaturas, ni sacándonos títulos, que no nos sirvan para resolver los problemas que detectamos hoy. La vida no está en los libros. La vida está en vivirla, y de lo que experimentamos desde las propias vivencias aprender con los libros y no de los libros. Con todo el conocimiento acumulado hasta ahora, ya envasado en múltiples espacios, pero, sin que se haya experimentado la vida, veremos, como ya vemos, que la letra no entra por sabia que ésta sea.

Sexta pregunta: ¿puede la respuesta a estas preguntas provenir de un gurú, de un centro educativo con nuevos modelos, o con cualquier tipo de experimento aislado en un determinado territorio? Podría ser si la respuesta debiera ser única. Si se tratara de encontrar un modelo uniforme válido para todas las culturas y territorios. Pero no va así. Precisamente, las respuestas ya están en las mismas preguntas y obedecen sin lugar a dudas a la necesidad de que no haya recetas sino que se estimule el talento diverso de todos los agentes que sepan y quieran escuchar y comprender a los estudiantes, especialmente a los que se aburren y que abandonan los estudios para no retomarlos jamás.

Séptima pregunta:  Y ¿por qué abandonan los estudios, los que los abandonan? Buscamos respuestas en los que están y no en los que no siguen, en los que se van. Por suerte cometemos errores y podemos aprender de ellos. Pero previamente hay que reconocerlos. Y para ello mejor no ir solos, sino hacerlo en colaboración. Buscar con otros, es encontrar antes.

CUANDO CREÍAMOS QUE TENÍAMOS TODAS LAS RESPUESTAS,

DE PRONTO, CAMBIARON TODAS LAS PREGUNTAS.

Pere Monràs

La comunidad educativa II: Confiar en el estudiante, confiar en el educador

Algunos lectores recordarán la serie de televisión británica “Sí, Ministro” en la que se describía el hospital perfecto. La visita de las autoridades, mostraba información completa sobre la estructura de susodicho hospital, características de la plantilla, composición, coste, servicios de soporte, etc.  Al final de la visita la autoridad, muy satisfecha por la visita, preguntaba sobre la economía, los presupuestos y los resultados. Todo lo que se le mostraba daba un equilibrio económico riguroso. Dado que no es frecuente encontrar este equilibrio presupuestario, la autoridad preguntó por la actividad, resultando que no se había todavía abierto a la asistencia. La actividad inexistente, aunque los profesionales fueran los mejores contratados, no daba sentido al para qué de aquel hospital.

La escenificación de un hospital sin actividad, sin pacientes, no tenía razón de ser. La pregunta se puede extrapolar al sistema educativo: ¿cuál es la razón principal de la escuela? ¿su estructura? ¿sus procesos o su contenido? Si la estructura es la correcta y los procesos bien diseñados, uno y otro sólo tiene sentido por los contenidos que se definan y promuevan. Así como no hay sanidad sin pacientes no hay educación sin estudiantes (alumnos) que la requieran y entorno que lo facilite.

Los contenidos rigen todo lo demás. La lógica de las cosas materiales tiene su razón de ser en la lógica de las relaciones entre personas y los roles que garanticen los resultados, siendo para ello necesarias estructuras que en cada momento puedan ser las adecuadas. Si educamos para un título es diferente que si educamos para la vida. Podemos tener una acreditación de competencias en conocimientos diversos pero ya no vale decir aquello que se ha escuchado tantas veces en el pasado “bueno, si no estudian, ya les suspenderá la vida.”

Con esto llegamos al rol fundamental que da sentido a la escuela: la relación entre alumnos que quieran aprender y profesores que quieran acompañar, y ser sherpas de cada alumno. Si para escalar el Everest nadie se atreve sin su sherpa o equipo de sherpas, es de sentido común que para alcanzar “la cumbre del vivir” no puede hacerse sin guías que te acompañen, no puede ser menos. Desde esta perspectiva el cuidado del sherpa, del guía, del “maestro” es fundamental para obtener el nivel máximo de educación alcanzable, y decimos educación y no decimos instrucción, ni tan sólo competencia acreditada en alguna área sino la necesidad de formar al alumno como “individuo social” de su comunidad.

Lo imprescindible de la labor educativa y lo esperable para obtener estos resultados se concentra en una sentencia muy bien trabajada y sintetizada por Pere Marqués gran pedagogo: “Confiar en el alumno en un entorno de éxito”

En el antiguo paradigma se partía de que el alumno no sabe, no quiere y hay que controlarlo para que saque algo positivo. Es en ese contexto donde se han estrellado muchas motivaciones de alumnos y profesores, que llegan a plantearse “¿de qué sirve la escuela?”, si para quien tiene razón de ser la escuela, se aburre y se desmotiva y quién debe generar esperanza e ilusión para el aprender, no lo tiene integrado en su función. Y decimos integrado, no tanto como un oficio para vivir, sino como un proyecto de vida. Un proyecto desde donde pueda contribuir en lo más decisivo para la especie: la socialización del individuo y el sentido de su contribución a la comunidad de la que forma parte: la especie humana.

Y ello nos lleva a una segunda sentencia: “Confiar en el educador y en un ecosistema que lo facilite.” Y si el ecosistema no lo facilita construyámoslo sin pérdida de tiempo. Cualquier otra actuación que no lleve a ello deja de ser prioritaria.

Y finalmente todo lo que requiera hacerse, lo tiene que comprender y no solo entender, todos los que mantengan un vínculo en el proceso del sistema educativo. Empezando por el entorno afectivo del estudiante (padres, familia..), la comunidad cercana, que debe ser ejemplo donde mirarse el educando, así como el modelo que pueda aportar la sociedad y la cultura general donde se halle inmerso. Y decimos cultura en el sentido más profundo: la cultura como ropaje de la biología. Cómo nos aporta Jaume Cabré, autor de “Yo confieso”:  “La biología lo permite todo, es la cultura la que prohíbe”. Si hemos de romper los muros de las escuelas también debemos despojarnos de los ropajes que esconden la autenticidad del ser de cada uno. Ese es el tesoro máximo al que sacar brillo: las potencialidades de cada educando, para que lo que está en su “semilla” cunda en beneficio de él mismo y de su entorno.

Educación para y desde la comunidad planetaria

conocimiento

Imagen extraída del blog Santiago08’s Weblog.webloc

Parece poco razonable una reflexión sobre la educación “para y desde” la comunidad planetaria (nuestra especie). Pero eludimos un razonamiento que puede ser obsoleto dado que la educación como cultura exige, hoy día, una forma transcultural que permita aunar lo local en lo universal y entender lo universal en lo local.

Podríamos justificar que la globalización económica impuesta por las razones e intereses de la economía (que no necesidades) mediante los medios tecnológicos disponibles y la conectividad global alcanzada. Pero recordemos, que ya PASCAL (1632-1662) abandonó la matemática y la física para dedicarse a la filosofía y a la teología en sus años últimos. De él son las palabras: “la razón no entiende las razones del corazón”. Desde esta perspectiva necesitamos, además, una globalización ambiental, política y social y por ende cultural. No puede favorecerse una sola dimensión, la económica,  dejando las demás atrás. No puede aceptarse  la globalización económica y que la premisa para las reflexiones que nos atañen a la humanidad sean vistas desde la economía antes que nada. Por ello, argumentamos que la reforma de los sistemas educativos no es sólo imprescindible, si no absolutamente prioritaria para no caer en aquello de “lo que no se puede contar no cuenta”, olvidando que “lo que se cuenta no es” (Erault) y que, a nuestro entender, es lo prioritario para no llevar a nuestra especie al abismo.

Dicho esto, la reflexión la llevamos a los contenidos y a los agentes de la educación para el siglo XXI.

  1. No hay ninguna duda de que la educación, la enseñanza, la formación, el aprendizaje debe alcanzar la preparación necesaria para dar plena autonomía a la persona para poder desarrollar su dimensión humana. La igualdad de oportunidades de salida debe alcanzar cualquier lugar. Y ello es tan difícil, complejo y está tan desequilibrado territorialmente en la actualidad, que no hay duda de que debemos comprometernos en ello ya mismo.
  2. Los contenidos deben estar centrados en la transversalidad de los conocimientos de todo tipo (como muestra el gráfico) para desaprender patrones mentales obsoletos y aprender todo lo necesario para decidir en situaciones de incertidumbre e imprevisibilidad, dado el cambio permanente del momento de la historia en el que estamos y que ya no retrocederá a la estabilidad en la que crecimos algunos.
  3. Los agentes educativos se extienden a todos y cada uno de nosotros, para que en cualquier circunstancia de la cotidianidad se dé respuesta inmediata a los comportamientos inadecuados. No admitir la dominancia. No admitir el maltrato. Aprender a asumir la responsabilidad individual y a respetar a la persona en cualquier situación en la que esté.
  4. Bien es cierto que, aquellos que asumimos contribuir con conocimientos específicos a los procesos educativos, sea por la responsabilidad directa derivada de ser padres, la responsabilidad de pertenecer a la comunidad de convivencia o asumir la más específica de trabajar para elevar el nivel educacional, deberíamos celebrar que dejáramos de “tra-bajar” para “tra-subir” o “tra-scender” y ser reconocidos, y a la vez evaluados, como agentes de cambio para la tarea más preciada que podemos asumir.  En todos nosotros se dan las condiciones para que lo que resulte de esta dedicación sean generaciones de personas íntegras que reconozcan que, para distribuir hay que crear y que, en la forma en que creemos la riqueza se inscriba la forma de distribución de los beneficios de cualquier tipo. Una distribución no aplazable, anunciada pero no llevada a cabo, que es la que nos caracteriza ahora.

No hay duda de que la reflexión nos lleva a la impotencia de qué no podemos llevar a cabo esos cambios individualmente ante la naturaleza universal del tema. Seguro que no hay recetas ni respuestas simples, aunque sí hay que tener el coraje de reconocer que las preguntas que nos hacíamos ya no sirven y que lo que ha cambiado es la formulación de las preguntas: Ya no es ¿cómo enseñamos? Más bien, asumir que la pregunta es ¿cómo aprendemos? 

Hay que definirse y apostar:

¿Estamos en una época de cambios o en un cambio de época?

Pere Monràs

Educación: Conexión con la comunidad natural

En el congreso WISE 2014 (World Innovation Summit for Education) celebrado en Doha, al que asistieron más de 1800 personas de todo el mundo implicadas en los sistemas educativos, nos llamó la atención un concepto que creemos clave para la reforma de la educación y que se planteó con mucha pasión por representantes de países no occidentales: romper el aislamiento de la escuela. No puede haber educación sin un compromiso con la comunidad natural a la que se pertenece.

¿Qué entendimos de esta propuesta? ¿qué compartimos?

Que no es bueno separar, fragmentar o situar objetivos por intereses políticos, económicos, u otros. Que no puede existir otra razón que llenar de contenido la dimensión humana de los alumnos. No sirve ya el afán colonizador de enseñar para que nos sirvan, con los esquemas y patrones mentales que cada uno pueda tener. Que educar no es adoctrinar para aumentar los feligreses de nuestra congregación. Que ya no tiene sentido uniformizar para ganar no se sabe qué.

Es tiempo de aprender, todos y juntos, que somos una especie, la humana. Una especie que se ha hecho hegemónica en el planeta Tierra por su capacidad evolutiva y adaptativa. Otros homínidos no tuvieron esta capacidad, ni muchas otras especies la tuvieron en diferentes y variadas circunstancias. Por ello, nos toca desaprender para aprender que no somos el centro de nada, sino más bien, los más obligados a servir a toda la diversidad que configura nuestro sistema, activando el sentido de pertenencia y sustentabilidad en relación a todo aquello que nos lo hace posible. Es necesario aprender a vivir conectados y a ser solidarios, produciendo riqueza y distribuyéndola. Aprendiendo que, según cómo hagamos lo primero no habrá lo segundo. El individualismo exacerbado al que hemos llegado, y que se ha extendido, fomenta la voracidad y la ambición de TENER, olvidado la de SER.

Somos, como especie, individuos sociales, no hay lo uno sin lo otro.

Esta es la educación que nos salva. La que nos incumbe como especie. La imprescindible que nos permita superar, no sólo para algunos, si no para todos, la época de cazadores y recolectores. Hoy, pasados millones de años, habiendo alcanzado grandes logros en prosperidad material, seguimos conviviendo con cazadores y recolectores. En las  mismas zonas donde se concentra el 50% de la humanidad y que llamamos ciudades, siguen existiendo cazadores (por sustracción a otros) y recolectores (de los restos y residuos de algunos) que activan los odios y las envidias, las luchas fratricidas y todas sus consecuencias más nefastas, en términos de robo, pillaje y corrupción provocados por la crisis. No podemos enseñar para los intereses espurios parciales de los dominantes, estén donde estén. Debemos aprender que toda dominancia es, potencialmente, un maltrato y una nueva forma de esclavismo, de dependencia y sumisión.

Debemos encaminarnos hacia un nuevo aprendizaje, válido para la vida del “individuo social”, capaz de encontrar su mejor desarrollo y orgullo en su dimensión humana.

Para ello no es suficiente tener conocimiento reglado, académico, de disciplinas diversas. Resulta imprescindible, y haciéndolo simultáneamente, activar el conocimiento tácito y reconocerlo. Aquel conocimiento que deviene no de la deliberación de la razón sino del compromiso con la vida. Y la vida empieza y se crece con los que están a tu lado primero, y con los que buscas más tarde. Y eso son “las comunidades naturales”, las que te encuentras y las que buscas. Pero con ellas. No sólo.

Dice Nilton Bonder: “Uno de los grandes desafíos en educación es mantener el discernimiento y el compromiso en proporciones adecuadas. Cuando los estudiantes se vuelven aburridos, a menudo es porque su educación favorece el discernimiento frente a la experiencia. Pone un gran valor en la LUZ, pero no enseña cómo reconocer las velas próximas que también tienen el potencial de arrojar luz.

Cuándo tengo la clase llena, encuentro muy difícil enseñar, porque todas y cada una de las personas necesitan su propia comprensión y cada uno busca su propia perfección. Así que lo que doy a todos, a todos se lo quito.

¿Puede aprenderse a vivir lejos de la comunidad a la que perteneces?

Pere Monràs

La transversalidad del conocimiento: romper el muro

No es una moda. Más bien es una novedad. Una moda es efímera. Una novedad permanece.

En las escuelas ya se habla, si bien aún no se hace o se hace poco, de suprimir los currículums convencionales por disciplinas y desarrollar el aprendizaje relacionando todo tipo de conocimientos precisos para resolver una situación.  ES “ROMPER EL MURO”, devolver el sentido y propósito del aprender usando todo conocimiento al alcance para una mejor y más efectiva manera de plantearse las decisiones. En definitiva, más allá de saber, saber hacer. Ya no se trata de memorizar para aprobar una materia en un examen de supuesta competencia de contenidos. Se trata de saberse manejar  en las decisiones que la vida te ponga delante con todos los recursos disponibles.

Romper muros entre las disciplinas diversas tiene una razón de ser. Si bien dicho así parecería más una temeridad, apta para descolocar incluso a los estudiantes más avanzados. Sin embargo como acontece ante cualquier nueva circunstancia existe un tiempo inicial de adaptación a fin de probar y reconocer los potenciales beneficios de lo nuevo.

Derribar muros es abrir espacios y darle a los nuevos espacios otra respiración que aliente la vida y genere esperanza. Por ello, son necesarias novedades metodológicas que incidan de lleno en las propias creencias, sobre los modelos de aprendizaje y los procesos cognitivos, especialmente en el caso de los maestros y profesores, y que van mucho más allá de una tecnología. Es una reelaboración de contenidos que implica al producto resultante y además un servicio “sherpa” o de acompañamiento personalizado que mitigue o minimice miedos que siempre aparecen al cambiar las rutinas y además también, y no menor, una conceptualización clara de lo que se pretende. En definitiva, hablamos de un “product market”, un “service market” y un “concept market” integrados en una correspondencia entre las partes y el todo intachable.

Y en los momentos actuales que son los que nos exigen esta transformación, sin lugar a dudas los sistemas educativos deberán aceptar la diversidad, pero incorporando de forma permanente la investigación de todo lo que se lleve a cabo. Hoy día la teoría y la práctica ya no se puede separar, deben ir juntas, investigando lo que hacemos y aplicando lo que encontramos. Seria un avance considerable que podría ajustar los tiempos de la reforma evitando planificaciones en tiempo y coste altísimo a fin de tener la seguridad sobre lo que convenga impulsar.

Estamos hablando de cómo y de qué manera se aúnan esfuerzos para identificar los resultados de las experiencias en curso, desde una evaluación estricta en todos los planos de la reforma, y al mismo tiempo dinamizamos lo que cada agente educativo considere apropiado en un entorno de cooperación definido.

Quizá podamos decir:

Rompamos muros para construir ágoras

Pere Monràs

Empieza el curso: ¿te gustaría mejorar tu clase con las Aulas Virtuales Sangakoo?

 

claseLlega septiembre y empieza el curso. Si eres profesor de matemáticas de secundaria, bachillerato o universidad, te proponemos complementar tu clase tradicional con las Aulas Virtuales Sangakoo, una plataforma online donde tus alumnos aprenderán matemáticas, haciendo matemáticas.

Cada aula virtual incluye un libro digital con toda la teoría matemática del curso, un fórum para comunicarse entre alumnos, alumnos y professor, y herramientas de supervisión y evaluación ágil para el educador.

¡Tus clases serán más amenas y tus alumnos aprenderán más!

¿Cómo es la metodología Sangakoo?

Creativa: los alumnos inventan y resuelven sus propios poblemas, poniendo así en juego sus conocimientos y mejorando la capacidad de afrontar la resolución de problemas. Además, pueden contextualizar los problemas de su entorno y sus aficiones.

Colaborativa: los alumnos resuelven los ejercicios entre ellos y comentan las resoluciones. Si entre todos consiguen tener los ejercicios resueltos correctamente, todos ganan, con lo que se aumenta la consciencia colectiva del aula.

Adaptada a la diversidad: ya que los alumnos crean sus propios problemas de acuerdo con sus capacidades, se sienten capaces de hacer matemáticas, con lo que ganan en confianza y motivación. El hecho de que todos sean capaces de llevar a término el trabajo, minimiza las interrupciones y mejora el clima del aula.

¿Cómo adapto Sangakoo a mi clase?

Sangakoo es una metodología que permite adaptarse a tu clase y a tu forma de enseñar de la manera que tú prefieras.

En equipo o individualmente: con Sangakoo puedes fomentar el trabajo en equipo o fomentar el trabajo individual. Puedes fomentar la colaboración, la competición, el progreso individual… E incluso puedes integrar otras materias curriculares, fomentando proyectos interdisciplinares.

Clase tradicional o flipped classrooms: puedes usar Sangakoo como complemento al estudio y a la práctica de las matemáticas, pidiendo que se use Sangakoo en casa, para realizar deberes y revisar la teoría. O bien, puedes usar Sangakoo en clase, cuando reviséis todos juntos la teoría y los diferentes problemas creados y resueltos que han hecho tus alumnos…

Enseñando o fomentando la creatividad: puedes hacer que tus alumnos trabajen los problemas que tú has creado cómo profesor, o que resuelvan problemas que ellos mismos creen.

En casa o en la escuela: Sangakoo puede usarse en clase, en casa, como actividad extraescolar, en el ordenador, en la tablet

¡Ok, me apunto! ¿Y ahora qué?
Si quieres saber más sobre las Aulas Virtuales Sangakoo y contratarlas para tu clase, contáctanos al teléfono 931 620 003 o a través de nuestro formulario de información para tal efecto. ¡Gracias!