¿Control externo o control interno?

El reto de garantizar una educación que fomente la responsabilidad individual y el respeto a los demás.

La idea de desarrollar este tema partió de una visita a una escuela que daba al alumnado una lista de 15 normas que establecían desde cómo vestirse, a cómo moverse por el centro, e inluso de qué manera y en qué tono debían dirigirse a los profesores.

La sacralización, en definitiva, de la norma como mejor medio de conseguir comportamientos adecuados. ¿Qué evidencias tenemos de que la ley, las normas, las obligaciones -todas ellas mecanismos de control externo- sean efectivas y fomenten la responsabilidad individual? ¿No será precisamente al revés? ¿Por qué no fomentar la responsabilidad y el respeto? Tal vez así logremos hacer propias las normas de convivencia que establezcamos.

Pero no podemos hablar de ello pensando sólo en la escuela. Al fin y al cabo, las escuelas fueron y siguen “pensadas” para enseñar y/o instruir y en unos pocos casos (por suerte, cada vez más numerosos) para educar. Sólo hay que ver que es lo que se evalúa al final de cada año académico. Dime qué incentivos ofreces y te diré que obtendrás.

Así pues, la creación de hábitos y rutinas adecuadas para promover la responsabilidad y el respeto no sólo obtienen escaso éxito, sino que además, como ya se ha dicho, ni se tienen en cuenta en la cuantificación de resultados. La medida del éxito, por lo general, no atiende a otra cosa que establecer una calificación cuantitativa de competencias en campos diversos de conocimiento y disciplinas fragmentadas.

Se progresa en los conocimientos que no en los comportamientos. Las exigencias de los exámenes y la titulación parecen importar más que las propias exigencias de la vida.

La enseñanza se topa siempre contra el mismo muro cuando el “enseñado” tiene poca o ninguna motivación y más cuando
no se parte de las necesidades del alumno sino de la obligación de impartir unos conocimientos reglados y homogéneos para todos.
Bajo estas condiciones no se da, en definitiva, el contexto apropiado y necesario para el aprendizaje.

¿Y qué hacer? Todos buscamos recetas para aplicar y pronto recurrimos a lo habitual: culpabilizar al sistema educativo. La presión social logra así que cada poco tiempo surjan nuevas medidas. Un ejemplo reciente de esta insensatez: españolizar a los alumnos por medio de una nueva ley. La educación no es adoctrinamiento, ni tan siquiera instrucción. La educación es cultura. Pero la cultura hay que amarla, al igual que hacen los buenos profesores con su clase.

Lógicamente, si la pregunta a responder está mal formulada todas las respuestas que se obtengan serán, cuando menos, inadecuadas. Creemos que no es tiempo de buscar y aplicar recetas, sino de pensar qué es lo que no funciona en la sociedad, en lugar de culpabilizar a las escuelas. Las recetas son siempre esquemas, una simple reducción del arte de cocinar. Enseñar a pensar es aprender a cocinar, no tanto por la receta en sí, sino por el “saber hacer” que se ha practicado.

La pregunta no es la que nos hemos hecho siempre: enseñar para tener un empleo, una profesión, un trabajo. Ahora la pregunta es otra: ¿qué necesitamos para vivir autónomamente en una sociedad compleja y diversa, de marcado carácter transcultural, inmersa en potentes flujos de refugiados e inmigración, sin mecanismos de integración reales (y muchas veces humillantes), sometidos a guetos donde sobrevivir, con una disparatada y creciente desigualdad social?

Seguimos sin dar respuesta a las demandas de una importantísima parte de la sociedad, la juventud, preparándola para adquirir competencias aunque dejando de lado la mayor de todas ellas, la competencia para la vida.
Estamos hablando de saber afrontar una vida de incertidumbre, de obligada improvisación cambiando nuestro paradigma mental, comprendiendo mejor nuestras funciones cerebrales y tomando conciencia de nuestras actuales coordenadas antropocéntricas y no biomiméticas. Ya no estamos en la era newtoniana de los cuerpos físicos.

En un mundo donde la física cuántica establece que todo es energía y todo está conectado parece cuanto menos esperpéntico que sigamos pensando de forma causal y mecanicista.
Nos organizamos todavía mediante una pirámide de cargos jerárquicos y esperamos esperanzados que sean las tecnologías, y no las metodologías, las que nos aporten las soluciones.

Pensamos que todos son clavos y sólo vemos martillos, trabajamos en lo que se ve y no sabemos distinguir en lo intangible. No hemos entendido que el iceberg enseña una décima parte de su volumen total y que es justo lo que permanece bajo la superficie lo que hundió al Titanic.

Escuela y sociedad están íntimamente relacionadas, no existe la una sin la otra.

Quizás no se trate de dar recetas para aplicar tecnología en las aulas sino de aportar metodologías participativas para estimular el empoderamiento, la confianza y la autoestima de los alumnos.

Quizás esta estima que tanto se echa en falta no puede trasladarse a la educación porque tampoco está en casa, en los barrios, en las oficinas, en el trabajo, en la sociedad.

Quizá hemos convertido nuestra existencia en una carrera por la suprvivencia en una jungla en la que, como afirman los“malos darwinistas”gana el más fuerte y no el que mejor se adapta.

Quizás nuestros ídolos actuales (el dinero y la tecnología) no sean las llaves del progreso.

Quizás deberíamos dejar de buscar el progreso fuera de nosotros mismos y ocuparnos en desarrollar todas nuestras potencialidades, nuestras múltiples dimensiones humanas.

Quizás debamos cambiar la pregunta o quizás no nos atrevamos a preguntar. Por miedo a que no nos respondan o por miedo a lo que nos respondan.

Si nos atenaza la duda, siempre podemos seguir pensando como hasta ahora , aunque, claro está, no cabrá esperar nada nuevo.
No hace falta ver más allá del recodo de ese camino. Todos sabemos a dónde nos conduce.

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Conectar y compartir: correspondencia educativa entre la familia y la escuela

Sólo estos dos verbos ya explican por sí mismos lo que debería ser totalmente normal. Las relaciones de familia precisan de estas dos acciones: por razones substantivas propias de unas vidas entrelazadas y también por razones instrumentales, fruto de una larga convivencia. Esta relación es, o debería ser, similar a los vasos comunicantes donde las partes se aportan mutuamente lo necesario para mantenerse en equilibrio armónico.

Nuestras formas de vida y de relación provocan muy tempranamente que se rompan estos lazos naturales y se establezcan otros tipos de relación muy diversas pero en absoluto complementarias.

Recientemente, una madre muy inquieta por la educación de sus hijos me contó lo siguiente:

“Es fundamental que aquello que se vive en el seno de la familia tenga un reflejo en lo que se experimenta y se transmite en la escuela, y a la inversa, para no crear distorsiones en la educación de los niños. Yo, si me permites (decía ella), iría un paso más allá y también haría referencia a la necesidad de romper las fronteras que a veces se establecen para “proteger” al niño de no se sabe bien qué. Podemos estar seguros que las competencias de padres y educadores resultan mucho más enriquecedoras cuando se aportan en colaboración y con total implicación”

“En este sentido, comparto con vosotros la experiencia que vivimos este sábado en la escuela de mi hija donde se celebró una Jornada de puertas abiertas para participar del Día del Bricolaje y realizar tareas de mantenimiento entre los padres y madres. Como resultado, El lunes siguiente los peques de Infantil y Primaria pudieron disfrutar de una casita de madera o de una pared musical gracias al esfuerzo de padres y madres”.

 Sin embargo, no nos confundamos. Ensalzamos la cooperación y la implicación, pero no necesariamente para hacer tareas de mantenimiento o bricolaje. Sin duda puede estar muy bien, pero lo que decimos es que colaborar y ejercer el compromiso en realidad son los elementos esenciales que necesita toda educación. Luego vendrán los aprendizajes necesarios para poder discernir adecuadamente y poder llevar adelante nuestros compromisos. Pero primero debemos comprometernos seriamente. Porque descubrir aquello en lo que uno quiere comprometerse es aprender a saber qué es lo que uno quiere y saber lo mucho que lo quiere. No se trata de saber hacer. Se trata de saber hacer lo que sea bueno hacer.

Una postura que requiere coherencia y solidez y que nos recuerda la situación de aquel que, tras recordar que detrás de los números hay personas, es replicado “por el que lo cuenta todo”: pues apartad a las personas.

La colaboración y la implicación -conectando con afines y con menos afines- es, con toda seguridad, lo que nos permite dar la vuelta a un sistema marcado por la corrupción en la que las camarillas tratan de impedir que se actúe con transparencia.

Conectar y compartir es educar en el compromiso como individuo social. Fomentar el sentido de pertenencia a una especie humana que comparte con otras especies un planeta cuyo recursos naturales cada vez son más limitados. Esta es la parte más importante de la educación que podemos lograr para nuestros hijos.

La correspondencia educativa entre la familia, la propia comunidad y la escuela no pretende fomentar el humanismo sino prepararnos para la supervivencia. Se trata de aprender a formular y desarrollar nuestro Proyecto de Vida. El de cada uno de nosotros.

La reforma educativa no puede enseñar mejor, debe asegurar que se aprenda lo que es vital para vivir una vida con auténtica dimensión humana.

En el pasado, en el WISE (World Innovation Summit for Education) se afirmó con contundencia que no se trata de separar familia y escuela, escuela y comunidad, una comunidad y otras comunidades. No se trata de crear fronteras que nos separen ni muros que encierren, sino de conectarnos con todos y cada uno de los aspectos reales de la vida y de sus valores. En síntesis, debemos centrar nuestros esfuerzos en todo lo que compete a la dimensión humana.

 

Nuevas estructuras en educación ¿Por dónde empezar?

NADIE SABE HACIA DONDE VAMOS. SOMOS mÁs poderosos que NUNCA, perO no TENEMOS ni idea de QUÉ DEBEMOS HACER CON TODO EstE poder. AÚN PEOR: PARECE que LOS humanOs SOMOS MÁS irresponsables que NUNCA. SomOS DIOSES HECHOS A NOSOTROS MISMOS…      que no RINDEN CUENTAS CON NADIE.    
“Sapiens”  YUVAL NOAH HARARI

En las actividades empresariales de cierta envergadura,  cuantitativa o cualitativa, se ha establecido un patrón de desarrollo que suele focalizar tres planos importantes de actuación: el plano de las estructuras, el de los procesos y el de los contenidos. En la sociedad industrial, de carácter fabril, la necesidad de capital se establecía principalmente por el coste de los edificios y de la tecnología. Pensar en ello era prioritario, pues nada más se podía hacer sino no se disponía de la capacidad de financiación. Por esta razón, y como ejemplo el sector de la construcción, la consideración primera era la planificación del edificio y de sus características estructurales siendo los procesos y los contenidos predeterminados y ya establecidos, dando por sentado, que los propietarios o usuarios ya se acomodarían a lo diseñado. Este proceder, sin revisión alguna, se acomodó a todo tipo de sectores. Sin embargo, que cuando se trata de construir un hospital o una escuela, se aplican los criterios estándar ya establecidos y, habitualmente, se empieza sin cuestionar en modo alguno su oportunidad en el momento que se decide su ejecución. Se da por hecho que ha de ser como siempre se ha hecho. Prestemos atención, sin embargo, a la aceleración de los cambios que la tecnología actual permite dado que la incertidumbre y la imprevisibilidad que provocan los cambios origina (y debe valorarse) una obsolescencia de las funciones tradicionales. En consecuencia precisamos revisar si las estructuras son adecuadas a estos cambios, favoreciéndolos o impidiéndolos. En anteriores escritos, sobre la reforma de los sistemas educativos, anunciábamos nuestra convicción de la necesidad de dar sentido mayormente al aprendizaje colaborativo en mayor grado que a la metodología de enseñar en sí misma, así como otras necesidades de innovación como la obsolescencia del horario escolar a substituir por  experiencias vivenciales, donde tenga lugar un aprendizaje interdisciplinar a través de lo que hacemos. ¿Pueden, pues, desarrollarse nuevos contenidos y nuevos procesos, antes inexistentes, en las mismas estructuras de siempre? Esta es una cuestión relevante que se nos plantea en los momentos actuales. Las estructuras existen y, en sí mismas, son un inmovilizado que hay que  amortizar lo cual conlleva una implicación económico-financiera. El hecho condiciona que, en lugar de reflexionar sobre si los contenidos y los procesos precisan de estructuras diferentes o no, resulta que prevalezcan, a menudo prioritariamente, los criterios económicos sobre los pedagógicos. Si esto que no resulta grave en determinados sectores de producción, si que es altamente importante en actividades de bien común o general, como la educación en tanto en ellas deviene un valor superior, el carácter de la efectividad sobre el de la eficiencia. La efectividad es lograr hacer aquello que sea bueno hacer y la eficiencia –conseguir los menos costes posibles- también incuestionable, sólo debería ser medible a medio o largo plazo por los resultados que se obtengan en la primera. Obtener la eficiencia en educación no puede ser a costa de la efectividad, que da sentido a esta actividad. Por lo tanto se debería garantizar la calidad por encima de todo, y establecer de forma singular los criterios para garantizar también la eficiencia que diera la sostenibilidad imprescindible. Sin mayor extensión descriptiva, y dejando la reflexión simplemente en enunciado, cierto es que podemos atrevernos a apostar que si bien antes el orden secuencial de cómo proceder era:

Estructuras            >              Procesos               >          Contenidos

Tal vez deberíamos considerar el orden inverso:

Nuevos contenidos        >        Nuevos procesos               >           Nuevas estructuras                   (Interdisciplinares)              (“aprender haciendo”)           (abiertas, versátiles, polivalentes)  

Como la ciencia evolutiva nos muestra, sólo sobreviven los que se adaptan. (No los más fuertes) Quizás adaptarse en este caso, precisa transgredir conceptos que teníamos como intocables.

 Pere Monràs

Sangakoo, ¡úsalo en la lengua que prefieras!

Sangakoo es una plataforma para aprender matemáticas que está disponible en castellano, inglés y catalán. De esta manera, uno puede aprender y practicar matemáticas online con el idioma que prefiera. shutterstock_132631142OK ¿Si estudio por libre, de manera freemium? Con esta modalidad, el estudiante puede escoger en qué idioma estudiar y practicar matemáticas. Puede acceder a Sangakoo en castellano: http://www.sangakoo.com/ O estudiar con Sangakoo en inglés: http://www.sangakoo.com/en O en catalán: http://www.sangakoo.com/ca

¿Y si quiero contratar un curso online? En inglés, se puede estudiar matemáticas para Pequeñas Empresas; 1º, 2º, 3º y 4º de la ESO; 1º y 2º de Bachillerato Científico y Social; Preparación a la Universidad; e Ingenierías Industriales. En catalán existen los mismos cursos, más Matemáticas para la Selectividad. Y en castellano, todos los anteriores, más 1º y 2º de Secundaria para México; y 7º-1º, 1º-2º, 2º-3º, 3º-4º, 4º-5º y 5º-6º de Secundaria de Argentina.

¿Y si estudio con Sangakoo a través de una Aula Virtual? Es entonces tu colegio, instituto o profesor el que escoge el idioma para todo el aula. Pero eso no significa, que el alumno no pueda ver los contenidos matemáticos en el idioma que le apetezca. ¿Se puede pedir más?

Los padres opinan: la tecnología es básica para educar

samsungHoy nos queremos hacer eco en este blog del estudio que se presentó la semana pasada “Los padres ante la educación en el aula”, realizado por IPSOS para Samsung España.

La conclusión principal del estudio apunta a que la tecnología es un pilar para la educación actual según el 70% de los padres españoles, y en concreto, la importancia que tiene su aprendizaje para ayudar a los alumnos a desenvolverse en el mundo de hoy, con conocimientos actuales y desarrollando las habilidades necesarias.

Precisamente, los padres encuestados colocan por este orden su lista de prioridades para la educación de sus hijos:

1. Conectar aprendizajes de distintas materias (38%)

2. Conocimientos y tecnología actual (20%)

3. Esfuerzo individual (18%)

4. Trabajo en equipo (14%)

5. Memorización de conocimientos (12%)

Sea cual sea el dispositivo y la metodología que los chicos tengan en el aula, en lo que están de acuerdo sus padres, en concreto el 70% de ellos, es en que incorporar tecnología es una de las tres claves de la educación actual, ya que les prepara para los retos del siglo XXI (88%) y les ayuda a ser más responsables con los riesgos de Internet (66%).

En este sentido, son este tipo de estudios los que refuerzan la ilusión del equipo de Sangakoo en seguir trabajando en este proyecto matemático, consiguiendo que nuestros alumnos estudien matemáticas a través de una plataforma tecnológica que desarolla la creatividad y la colaboración entre estudiantes.

Si aún no has probado Sangakoo, te animamos a hacerlo registrándote en nuestra plataforma y empezando a estudiar, practicar y crear problemas.

¿Te quedó la Selectividad? ¡Estudia este verano con Sangakoo!

¿No has pasado las pruebas de Selectividad de junio? ¿Tu nota en matemáticas fue un desastre?

En Sangakoo queremos recordarte que tenemos un curso online dedicado especialmente a las matemáticas de la Selectividad.En el curso encontrarás teoría esencial que entra en el examen de Selectividad de Matemáticas, y ejercicios resueltos y bien explicados de los últimos años de exámenes de Selectividad, ordenados por temario: aplicaciones de la derivada, estudio de funciones, problemas de optimización, integrales y la aplicación de cálculos de áreas, operaciones con matrices, discusión y resolución de sistemas de ecuaciones, ecuaciones de rectas y planos en el espacio, posición relativa y distancias y ángulos entre rectas y planos.

Además, en Sangakoo podrás discutir y preguntar dudas a otros estudiantes de Selectividad, sobre cualquier ejercicio de la prueba de diferentes Comunidades de España -como Madrid, Andalucía, Murcia, Aragón o Valencia-.

¡Ah! Y también contarás con la ayuda personalizada de un tutor del curso, que te ayudará en todo momento con todas las dudas que tengas.

Precio del curso: 60 euros.

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