El arte de acompañar: profesores, maestros, guías, pedagogos…

Como participante en un programa de liderazgo organizado por el CTI de California, disfruté de un poema que nos facilitaron, relacionado con el trabajo de cuidar a otras personas. En aquel tiempo, como médico oncólogo, había atendido a muchos enfermos en situaciones límite por razones de su enfermedad. En esa función de acompañamiento hacia el final de la vida te preguntabas qué podía diferenciar las actitudes con las que cada uno de ellos se enfrentaba a la muerte.

Sin hacer ninguna categoría, cierto es que la impresión recogida, de manera muy intuitiva, era que llegamos a morir tal y como hemos vivido. Es decir, que las actitudes que tomas en la vida te acompañan al final.

Me pareció que era toda una experiencia provechosa para uno mismo que da sentido y propósito, y por tanto una valiosa reflexión sobre las actitudes que mantienes cotidianamente, seas médico, profesor o director de un centro escolar. Una reflexión sobre como te creas a ti mismo en lo referente a los que deseas ser.

Volviendo al poema, se describían tres grandes actitudes motivacionales en el proyecto de vida que se escogía.

En primer lugar, mencionaba los “fixer” (traducible por aquel que sabe = el prescriptor) como aquel que prescribe lo que conviene a los demás, y donde mi función de oncólogo se reflejaba muy bien. Siempre procurando no hacer daño. Siempre intentando lo mejor. Siempre recomendando lo que pudiera aminorar los síntomas. Y hacerlo como dicen los anglosajones con “compassion”. Y así, en todos los casos, fueran las actitudes detectadas de un tipo u otro. La oferta es la “dosis” que se da.

En segundo lugar, el “helper” (traducible por aquel que cuida = cuidador) como aquellos que van más allá de uno mismo, dando a los que “cuidan” aquello que pueda necesitar, en un orden amplio de tópicos de la cotidianidad (higiene , nutrición, cuidados …). Lo hacen profesionalmente o voluntariamente, pero como intercambio entre las partes. Dando, reciben; y reciben en cuanto que dan. La oferta es la satisfacción del otro.

En tercer lugar, el “server” (traducible como “los que dan servicio”) como aquellos que no dan porque se lo piden, sino que dan porque quieren, porque sin ningún intercambio material, sienten la necesidad de dar. La suya es una vocación de servir y de dar a cambio de nada. Son aquellos que no hacen para obtener algo, sino porque ellos lo necesitan, en tanto que entienden la vida y su propio proyecto de vida como de servicio a los demás. La oferta se hacer que el otro aprenda a ser autónomo y libre.

Como podemos constatar la función de sherpa, la función de acompañar a quien sea a hacer su camino y dar ayuda para que se salga, se corresponde al “fixer” o al “helper”, pero es verdad que en la vida, y por lo que uno define como proyecto de vida, mejor un “server”, es decir, aquel dispuesto a acompañarte desde la propia y probada sabiduría. Este es el “maestro” y no hay duda de que a veces el profesor podemos decir que es más el helper, y cuando no fixer.

En cualquier caso los niveles motivacionales en la literatura más cercana, como lo son las escuelas de negocio, describen de otra manera, pero muy similar, los niveles motivacionales siguientes:

  • motivación extrínseca como aquella que te mueve a contribuir por lo que recibes (remuneración, acceso a más…)
  • motivación intrínseca como aquella que da satisfacción a las condiciones de trabajo: los medios que tienes para hacer bien lo que se te pide, lo que se te permite aprender y aportar.
  • motivación transcendente como lo que independientemente de las otras motivaciones no dejarías de hacer que el proyecto que se te propone lo compartes y sientes como propio.

A todos nos corresponde, sin autoengañarnos, calibrar cuanto de cada y cuál de estas motivaciones es la que te mueve, cual es la predominante y a que estás dispuesto. Dicho de otro modo, una reflexión por la vida es saber en qué grado tú te identificas como fixer, como helper o como server.

La pregunta potente a contestarse es aquella que te puedas hacer en relación a:

En estos momento de la historia, en 2015, momento en el que te toca vivir ¿qué has venido a hacer? ¿En que contribuyes a tu especie? ¿Hasta donde te sientes Naturaleza y la preservas con los otros seres vivos?

When you fix, you see life as broken

When you help, you see life as weak,

When you serve, you see life as whole

Pere Monràs

La comunidad educativa II: Confiar en el estudiante, confiar en el educador

Algunos lectores recordarán la serie de televisión británica “Sí, Ministro” en la que se describía el hospital perfecto. La visita de las autoridades, mostraba información completa sobre la estructura de susodicho hospital, características de la plantilla, composición, coste, servicios de soporte, etc.  Al final de la visita la autoridad, muy satisfecha por la visita, preguntaba sobre la economía, los presupuestos y los resultados. Todo lo que se le mostraba daba un equilibrio económico riguroso. Dado que no es frecuente encontrar este equilibrio presupuestario, la autoridad preguntó por la actividad, resultando que no se había todavía abierto a la asistencia. La actividad inexistente, aunque los profesionales fueran los mejores contratados, no daba sentido al para qué de aquel hospital.

La escenificación de un hospital sin actividad, sin pacientes, no tenía razón de ser. La pregunta se puede extrapolar al sistema educativo: ¿cuál es la razón principal de la escuela? ¿su estructura? ¿sus procesos o su contenido? Si la estructura es la correcta y los procesos bien diseñados, uno y otro sólo tiene sentido por los contenidos que se definan y promuevan. Así como no hay sanidad sin pacientes no hay educación sin estudiantes (alumnos) que la requieran y entorno que lo facilite.

Los contenidos rigen todo lo demás. La lógica de las cosas materiales tiene su razón de ser en la lógica de las relaciones entre personas y los roles que garanticen los resultados, siendo para ello necesarias estructuras que en cada momento puedan ser las adecuadas. Si educamos para un título es diferente que si educamos para la vida. Podemos tener una acreditación de competencias en conocimientos diversos pero ya no vale decir aquello que se ha escuchado tantas veces en el pasado “bueno, si no estudian, ya les suspenderá la vida.”

Con esto llegamos al rol fundamental que da sentido a la escuela: la relación entre alumnos que quieran aprender y profesores que quieran acompañar, y ser sherpas de cada alumno. Si para escalar el Everest nadie se atreve sin su sherpa o equipo de sherpas, es de sentido común que para alcanzar “la cumbre del vivir” no puede hacerse sin guías que te acompañen, no puede ser menos. Desde esta perspectiva el cuidado del sherpa, del guía, del “maestro” es fundamental para obtener el nivel máximo de educación alcanzable, y decimos educación y no decimos instrucción, ni tan sólo competencia acreditada en alguna área sino la necesidad de formar al alumno como “individuo social” de su comunidad.

Lo imprescindible de la labor educativa y lo esperable para obtener estos resultados se concentra en una sentencia muy bien trabajada y sintetizada por Pere Marqués gran pedagogo: “Confiar en el alumno en un entorno de éxito”

En el antiguo paradigma se partía de que el alumno no sabe, no quiere y hay que controlarlo para que saque algo positivo. Es en ese contexto donde se han estrellado muchas motivaciones de alumnos y profesores, que llegan a plantearse “¿de qué sirve la escuela?”, si para quien tiene razón de ser la escuela, se aburre y se desmotiva y quién debe generar esperanza e ilusión para el aprender, no lo tiene integrado en su función. Y decimos integrado, no tanto como un oficio para vivir, sino como un proyecto de vida. Un proyecto desde donde pueda contribuir en lo más decisivo para la especie: la socialización del individuo y el sentido de su contribución a la comunidad de la que forma parte: la especie humana.

Y ello nos lleva a una segunda sentencia: “Confiar en el educador y en un ecosistema que lo facilite.” Y si el ecosistema no lo facilita construyámoslo sin pérdida de tiempo. Cualquier otra actuación que no lleve a ello deja de ser prioritaria.

Y finalmente todo lo que requiera hacerse, lo tiene que comprender y no solo entender, todos los que mantengan un vínculo en el proceso del sistema educativo. Empezando por el entorno afectivo del estudiante (padres, familia..), la comunidad cercana, que debe ser ejemplo donde mirarse el educando, así como el modelo que pueda aportar la sociedad y la cultura general donde se halle inmerso. Y decimos cultura en el sentido más profundo: la cultura como ropaje de la biología. Cómo nos aporta Jaume Cabré, autor de “Yo confieso”:  “La biología lo permite todo, es la cultura la que prohíbe”. Si hemos de romper los muros de las escuelas también debemos despojarnos de los ropajes que esconden la autenticidad del ser de cada uno. Ese es el tesoro máximo al que sacar brillo: las potencialidades de cada educando, para que lo que está en su “semilla” cunda en beneficio de él mismo y de su entorno.

Gozar aprendiendo


Descartes (1596-1650) inicia con su Discurso del Método una nueva Era. Ni el pensamiento escolástico ni la física aristotélica colman su afán por saber y entender. El principio donde fundamenta su propuesta se origina en la duda. “Dudo de todo, pero al dudar, estoy pensando y si pienso existo (Cogito, ergo sum)”

Nos dice que, para pensar tienes que existir. Dicho de forma  más directa primero existes pero no sólo porqué pienses, pero si, que, si piensas, luego existes. La pregunta que nos queda es pues: “¿Qué es existir?”

El afán de superar el oscurantismo predominante en su época le llevan a desvelar que la razón explica los misterios de la realidad y le permita llegar a leyes universales del mundo físico. Nace la ciencia empírica y el método deductivo que hace inteligibles muchas de las leyes de la naturaleza y la búsqueda de la objetividad en el conocimiento. Por ello, define la razón como fuente de éste y establece la certeza, como la seguridad en la verdad de nuestros conocimientos.

Todo este pensamiento rompe con el misticismo y oscurantismo e inaugura el camino del materialismo científico que inunda y da esplendor a la tecnología y a la múltiple especialización de las diversas disciplinas que nacen y se desarrollan hasta la fragmentación máxima.  Como consecuencia, asistimos a una profundización de la parte  perdiendo su relación con el todo. La defensa del especialismo ya no es la defensa del conocimiento si no la defensa de la parcela para atender el “oficio de vivir.”

Sin embargo, el esplendor conseguido en estos tres siglos ha aportado una prosperidad material sin precedentes, y simultáneamente un vacío enorme en encontrar y dar sentido y propósito a la propia vida. El Proyecto de Vida queda desdibujado y todo se constriñe al simple “oficio de vivir.” Sin dar sentido a lo que nos encontramos ¿no nos abandonamos fácilmente a un presentismo pueril? ¿Cómo podemos vivir apasionadamente el aquí y el ahora sin saber de dónde venimos y a dónde queremos ir?

La educación todavía se rige por ese principio cartesiano de la razón. Pero nuestro contexto ha cambiado. Ahora se despiertan de nuevo dudas trascendentes ¿Sólo lo objetivo cuenta? ¿dónde y cómo movilizamos lo subjetivo?  Nuestro conocimiento interior ¿cómo lo aprehendemos? ¿Cómo puede ser que prioricemos el conocimiento externo, el que nos enseñan, abandonando la búsqueda de nuestra pasión por la vida? Y en términos científicos ¿podemos despejar las dudas sin aceptar “la parte y el todo” (pensamiento sistémico) integrados y “lo tangible y lo intangible”(pensamiento holístico) como indisolubles?

No podemos enseñar desde el pasado. Los estudiantes se aburren y no ven ningún sentido en aprender sin ligarlo a la realidad que viven. Quieren dejar los estudios donde deben competir por unas objetivos que les señalan la meta: el título. Un título ¿para qué? Cómo puede ligarse los objetivos curriculares propuestos obligatoriamente, cuándo el sentido se lo dan otros que además están alejados y muchas veces también ámpliamente desmotivados, sin que a los estudiantes les inspiren confianza alguna.

¿Mejorar la enseñanza? ¿O aprender colaborativamente aquello que nos de sentido para la vida?  La vida no es un objetivo sino un reto: el reto de aprender a vivir desde lo objetivo (existimos) y como “subjetivos” que somos (como sujetos singulares que conformamos una especie de las muchas del planeta).

En ese sentido, ¿podemos NO ser individuos sociales?  Si nos esforzamos en lo primero, ser individuos sin ser sociales, resulta que todo vale (win to lose) “Que yo gane y el otro pierda.”  Si nos planteamos superarlo nos entregamos al win to win (tú y yo ganamos,  ¿y los otros?). Si sólo nos situamos en lo social y despreciamos el valor propio de cada uno, anulamos al individuo por una élite dirigente que nos dirá que es lo que toca hacer. Sólo tiene fundamento natural aunar nuestra identidad individual con la identidad colectiva. No es contra nadie, es con TODOS como logramos resolver lo que nadie sólo puede conseguir.

Por ello se trata de sumar todas nuestras capacidades en superar retos y aprender junto a los demás para, superando los retos propios, alcanzar objetivos que la competencia incentivada del individualismo exarcebado nos impiden alcanzar… y que tanto necesitamos. Véamos (como en el video) que aprender a asumir retos, ya está en nuestra más tierna infancia…si nos dejan y no nos sobreprotegen. Los riesgos vienen y debemos aprender a superarlos con las habilidades y aptitudes de cada uno. Sólo el reto enseña para la vida.

 Nuestra conciencia plena,

sensorial, vivencial, experimental, mental y trascendente

son nuestra fuente energética para los retos de hoy.

 

Queremos aprender, todos juntos, de todo aquello que nadie sabe todavía


Y ESO ES GOZAR. 

Sangakoo, una plataforma colaborativa en todos sus sentidos

En el blog nos gusta ir destacando las diferentes características de Sangakoo y el potencial que tiene para con la sociedad . En este sentido, hoy queremos hablar del término colaborativo. Y esta palabra está muy presente en tres aspectos de Sangakoo: es una red social que fue creada y está trabajada por un equipo que trabaja colaborativamente; es un portal educativo que busca que el alumno aprenda de forma colaborativa; y por último, es una plataforma que espera ser retribuida también por el conjunto de la sociedad en forma de donaciones.

Adentrémonos un poco en estos tres aspectos.

Sangakoo, un trabajo colaborativo

Para entender como Sangakoo trabaja colaborativamente, quizás es necesario ahondar en los inicios de la organización. La iniciativa surgió gracias a la experiencia de promotores en estrategias organizacionales basadas en la Economía del Conocimiento. La Economía del Conocimiento es todo un background de teorías y pensamiento que defienden una gestión de las organizaciones más orgánica y no centrada en las relaciones del stablishment de jefe-trabajador, sino que plantea organizaciones autolideradas y donde cada miembro, proactivamente, aporta y da su singularidad al equipo y al proyecto. ¿Cómo se traduce ello en la vida real? Pues podríamos citar varios aspectos como la diferente dedicación de tiempo y horarios de cada miembro; su contribución al proyecto según área de conocimiento o entusiasmo; la presencia o no en la oficina… Y todo, para lograr aportar el máximo y la singularidad de cada persona a un proyecto común: la solidez y éxito del proyecto Sangakoo.

Sangakoo, una metodología colaborativa

No nos cansamos de explicar este concepto en Sangakoo. Y hoy, lo haremos con ejemplos reales. Quizás es difícil entender cómo se “aprende colaborativamente”, pero hoy serán los usuarios de nuestra red social quienes lo expliquen:

Benet Andújar, profesor y coaching familiar y educativo con niños y adolescentes
Sangakoo me permite potenciar la actividad y la cooperación entre mis alumnos. Su forma sencilla, intuitiva y la posibilidad de calcular y escribir las fórmulas matemáticas le dan una potencialidad ideal para trabajar tanto en el aula como de manera autónoma. Además potencia el trabajo cooperativo y ayuda a consolidar los conceptos matemáticos. Por otra parte, la posibilidad de crear nuevos ejercicios y que otros alumnos lo validen fomenta la creatividad de los alumnos y ayuda a que exista una especie de competición sana. Sin duda una herramienta muy recomendable para aprender y amar las matemáticas de forma amena y más divertida.

Los 89 alumnos de Benet ya llevan generados 79 problemas y han practicado más de 20 ejercicios, con lo que se han generado centenares de interacciones que han llevado a un aprendizaje mutuo.

SEK Barcelona – Catalunya
En esta escuela 48 alumnos han creado 112 ejercicios nuevos y han practicado entre ellos más de 103 ejercicios, comentándose y discutiéndose sus resoluciones.

Sangakoo quiere vivir de contribuciones colaborativas
Y la última apuesta de Sangakoo por la colaboración es el intento de poder subsistir a través de donaciones. En boga con las últimas vías de financiación que están emergiendo con fuerza, como el crowdfunding, no parece descabellado pedir a los usuarios que paguen si consideran que el servicio que uno presta es útil. Es por ello que Sangakoo, además de pedir una pequeña aportación por itinerarios guiados o por aulas virtuales, también ofrece la posibilidad de realizar una donación Pi, que contribuirá a que el proyecto pueda seguir adelante. ¿Te animas?

Sangakoo, en consonancia con las nuevas tendencias educativas

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Uno de los aspectos que más hacen dudar a la hora de estudiar online es la soledad que muchos asocian al estudio virtual. Pero en Sangakoo aprenderás de forma colaborativa. Y esto significa que podrás unirte a un grupo de tus mismas afinidades para estudiar, que revisarás los problemas de otros compañeros, que otros compañeros revisarán los tuyos, que podrás realizar problemas de otros y tú crear problemas también para los demás…

Sangakoo se construyó desde el primer día pensando en una comunidad de interesados o necesitados de matemáticas que trabajarían juntos. ¿Y qué sentido tiene trabajar juntos? En Sangakoo estamos convencidos que es la mejor manera. ¿Por qué?

  • Porque creemos más en el colaborar que en el competir. En una sociedad capitalista y egoísta, que ha estado durante los últimos años luchando por competir contra el otro, y llegados al momento donde es clarividente que esa actitud solo nos está llevando al estrés, al agotamiento de los recursos naturales, a la diferencia y al aislamiento… Vuelven a hablarse y promoverse actitudes, teorías, empresas y objetivos que miran por el bien común, es decir, por todos. Y ello solo lo conseguiremos actuando, trabajando y estudiando juntos.
  • Porque está comprobado, y las últimas tendencias pedagógicas así lo demuestran, que compartiendo y emulando a los demás, aprendemos más rápidamente que no solo “clavando codos”.

¿Conoces las flipped classroom?flipped classroom

En Sangakoo nos sentimos muy cercanos a esta metodología donde la tradicional “lección en clase, deberes en casa” se invierte. Las flipped classrooms defienden un modelo donde los apuntes se invierten y se consultan online en casa. Y es en la clase física, en el espacio común que todos los alumnos comparten, donde se realizan los deberes, se practica, se pone en común la materia, las dudas, se discute y se argumenta… como en una gran ágora griega donde el profesor deja de ser protagonista central para erigirse como moderador o facilitador de un aprendizaje común y tejido a partir de las aportaciones de todos.

Y en casa, el alumno, imaginároslo dentro de Sangakoo, aprende y consulta la teoría, puede preguntar a su profesor, empieza ya a practicar con algunos ejercicios que sus compañeros le validan… Y en la escuela, se reservará el tiempo para las dudas, puestas en común y trabajo colaborativo que acabará de afianzar lo ya aprendido en casa.

¿Quieres probar? ¡Entra!