Els alumnes d’Escola Pia Sarrià i Sangakoo al Catakrac de BarcelonaTV

Tenim el plaer de compartir amb vosaltres el reportatge sobre Sangakoo a Escola Pia de Sarrià emès el dissabte 21 de novembre al programa Catakrac de BTV. Ens agrada especialment perquè els absoluts protagonistes són els alumnes de l’escola. Ells el presenten, el protagonitzen i ens expliquen en primera persona quines són les seves experiències creant i compartint problemes amb la metodologia. Ens quedem amb la frase d’en Nico “les matemàtiques són quasi la base de la vida, perquè les mates ens ajuden a fer quasi tot”. Doncs esperem seguir ajudant als nens i les nenes a seguir gaudint i aprenent de les matemàtiques per a la vida.

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La malla curricular en la educación del siglo XXI. Siete preguntas necesarias

Primera pregunta: ¿A quién debe servir la malla curricular? ¿A la ideologia dominante del estado?¿A los mercados y sus necesidades? ¿A la comunidad donde uno pertenece? ¿A la sociedad donde uno vive?

Nos pronunciamos: debe servir a la especie, para desarrollar la dimensión humana en sintonía y correspondencia con el hábitat del que se forma parte (el ecosistema). No se puede sobrevivir en el trópico comportándose como si se estuviera en la zona polar. No crece trigo en la estepa.

Segunda pregunta:  Está bien que fortalezcamos nuestra integración con la Naturaleza, pero ¿cómo?:

Nuestra propuesta: buscando el equilibrio con uno mismo y la armonía con el entorno. Y en esta búsqueda del equilibrio, es interesante recordar el enunciado de Yuval Noah Harari, doctor en Historia por la Universidad de Oxford, cuando investigando qué podemos entender por felicidad nos dice: “podría ser que toda nuestra manera de entender la historia de la felicidad, estuviera mal encaminada. Quizás no sea tan importante satisfacer las expectativas de la gente, y que las personas experimenten sensaciones agradables. La pregunta principal es si la gente sabe de verdad quién es.”

Tercera pregunta: Cierto es y será cada vez más importante, constatar que la capacidad de desarrollar los comportamientos más apropiados al entorno a fin de retomar la dimensión humana en todo lo que hacemos, empieza allí donde esté cada persona, cada grupo y cada cultura. Salimos de un largo periplo de más de  tres siglos, donde el gran avance industrial ha forjado una prosperidad material sin precedentes, simultánea a una globalización hegemónica de la economía, de tal manera que hace imprescindible no olvidar el aforismo de que “aquello que no se puede contar, no cuenta; pero aquello que se cuenta, no es”. Debemos preguntarnos si no va siendo hora de girar el foco de todas nuestras actividades hacia las personas como centro de aquellas. Una respuesta así tiene su fundamento no en un “supuesto humanismo”, sino en el amor y la inteligencia de entender la profundidad del cambio de época que vivimos que exige encontrar en el talento y las forma de organizarse talentosas, en la creatividad no amenazada por cualquier forma de uniformidad, para que la fuente del progreso no sea sólo material sino también de todas las dimensiones humanas. Y hacerlo en el contexto de un escenario planetario.

Cuarta pregunta: Sí, éste es el contexto en que nos movemos, ¿puede haber una educación que no entienda la necesaria correspondencia entre los múltiples agentes educativos diversos y una nueva identificación de contenidos sin compartimentarlos en disciplinas aisladas y parcializadas de conocimiento? ¿puede educarse sin atender a la formación del yo personal de cada estudiante para que encuentre la fuerza de su propio talento, su propia luz? ¿cómo intentar preparar niños y jóvenes, que deberán atender principalmente, situaciones de imprevisibilidad y situaciones inciertas, con decisiones arriesgadas y inéditas sobre la propia existencia? ¿se puede prever ante la aceleración tecnológica y compleja del mundo que ya está aquí, la preparación de los futuros responsables de lo que vendrá, si no es activando la conciencia, no sólo la proporcionada por la razón, sino la conciencia sensorial y trascendente? (como resumía Pascal gran matemático): “El corazón tiene razones que la razón no puede entender” ¿Debemos confiar en nuevas  especies, como la robótica u otras alternativas, para la superación de aquellos retos que hemos provocado, sin que nos atrevamos a superarlos nosotros mismos? ¿Tiramos la toalla y como en consecuencia, dejamos que sea el mundo científico quiénes, a lo mejor con escasa confianza en la especie como un todo, sea la que propicie soluciones no humanas? ¿Será superior la confianza en algo nuevo, de naturaleza mayor que la que depositamos en nosotros mismos como especie? ¿Podremos constatar que nosotros como individuos somos muy inteligentes, pero que, como especie, somos idiotas? ¿Es que sin especie, hay individuos?

Quinta pregunta: Crecer uno mismo, aprender quién eres y qué quieres, saber decidir sabiendo en profundidad “lo que quiero y lo mucho que lo quiero” (sic Nilton Bonder), comprometerse no por el análisis de las razones, sino por el impacto social de las consecuencias de las decisiones. Aprender a discernir razonando los aspectos de nuestro compromiso para poder minimizar riesgos, ¿no es ello de mayor enjundia, para sacar adelante y construir el futuro de la especie y del planeta? ¿Que sea muy difícil, que no estemos preparados para llevarlo a cabo, que no es lo que habíamos aprendido a hacer? Pues, empecemos enseguida, sin perder tiempo a aprender de nuevo lo que ahora se precisa, desaprendiendo aquello ya obsoleto. Con lo que hacemos y hemos hecho hasta ahora no tenemos suficiente, ni podremos bajar los enormes porcentajes de fracaso escolar, pero sobre todo formaremos ineptos para la vida a costes muy altos que nos demostrarán que el sistema de la eficiencia (el actual) es totalmente ineficiente. No lograremos una necesaria educación para los retos que tenemos, aprobando asignaturas, ni sacándonos títulos, que no nos sirvan para resolver los problemas que detectamos hoy. La vida no está en los libros. La vida está en vivirla, y de lo que experimentamos desde las propias vivencias aprender con los libros y no de los libros. Con todo el conocimiento acumulado hasta ahora, ya envasado en múltiples espacios, pero, sin que se haya experimentado la vida, veremos, como ya vemos, que la letra no entra por sabia que ésta sea.

Sexta pregunta: ¿puede la respuesta a estas preguntas provenir de un gurú, de un centro educativo con nuevos modelos, o con cualquier tipo de experimento aislado en un determinado territorio? Podría ser si la respuesta debiera ser única. Si se tratara de encontrar un modelo uniforme válido para todas las culturas y territorios. Pero no va así. Precisamente, las respuestas ya están en las mismas preguntas y obedecen sin lugar a dudas a la necesidad de que no haya recetas sino que se estimule el talento diverso de todos los agentes que sepan y quieran escuchar y comprender a los estudiantes, especialmente a los que se aburren y que abandonan los estudios para no retomarlos jamás.

Séptima pregunta:  Y ¿por qué abandonan los estudios, los que los abandonan? Buscamos respuestas en los que están y no en los que no siguen, en los que se van. Por suerte cometemos errores y podemos aprender de ellos. Pero previamente hay que reconocerlos. Y para ello mejor no ir solos, sino hacerlo en colaboración. Buscar con otros, es encontrar antes.

CUANDO CREÍAMOS QUE TENÍAMOS TODAS LAS RESPUESTAS,

DE PRONTO, CAMBIARON TODAS LAS PREGUNTAS.

Pere Monràs

La comunidad educativa (I): Alumnos vs. Estudiantes

En la serie de posts para el blog de Sangakoo “TIEMPO PARA APRENDER” que publicamos en las semanas previas, apuntábamos a la idea que estamos más en un cambio de época que en una época de cambios. Las respuestas que teníamos a tópicos cotidianos, se han hecho obsoletas y nos conviene encontrar las preguntas, por ejemplo, sobre qué educación y sistema educativo podemos precisar para los tiempos que nos vienen. Lo único cierto es que hoy no estamos preparando a nuestros hijos para el futuro que tendrán, no según el pasado que tuvimos nosotros. Tal vez pueda servir de ejemplo en la evolución educativa de las mujeres que a principios de siglo XX fueron educadas como sus madres y nada de ello les sirvió para el mundo que venía.

La serie que iniciamos hoy tiene como protagonista a los agentes que en sus diversos roles disponen de la capacidad de definir preguntas y recabar respuestas y también a toda la comunidad educativa. A todos ellos, ofrecemos estas reflexiones con el ánimo de contribuir a esclarecer algo tan importante como la preparación de hoy, para el mañana que imaginamos y quizás podamos desear.

Obviamente el agente educativo primero, es el propio educando. Al que creemos hay que convertir en el centro de la concatenación de las acciones precisas para descubrir las preguntas necesarias. Se dirá que no saben lo que quieren y en ello radica precisamente el cambio de chip que todos precisamos. El que debe recibir tiene que ser el primero en hablar y al que escuchar. Saber lo que pueda querer o (re)conocer que no sabe lo que quiere, representa el primer paso. Este primer paso es tratarlo como sujeto y activar su confianza, es generar una necesidad que quiera y pueda satisfacer. Al que recibe, no podemos asegurarle que le vayamos a dar lo preciso y por ello, entre otras cosas, la primera acción es transformar su papel pasivo en papel activo. Pasar de ser sujeto que recibe, a ser sujeto que da, para dando, conocer sus límites y poderlos superar. Aprender es llegar a los propios límites junto a los límites de otros generando la aportación de valor. Vivenciar tus límites es el mayor de los aprendizajes, porque nos plantea retos vitales. Como dice Nilton Bonder:  “No se consigue tanto por medio del conocimiento como trascendiendo cierta ignorancia.”

Si los alumnos son aquellos que aprenden de otras personas (desde el punto de vista etimológico, “alumno” es una palabra que viene del latín alumnus, participio pasivo del verbo alere, que significa ‘alimentar’ o ‘alimentarse’ y también ‘sostener’, ‘mantener’, ‘promover’, ‘incrementar’, ‘fortalecer’. ) mejor hablar de estudiante.

Un estudiante es “aquella persona dedicada al estudio de conocimientos, aprendizajes o prácticas sobre alguna materia, arte o profesión” (Wiquipedia). En ese sentido, el estudio y la contemplación son la denominación que los antiguos griegos daban al “ocio” (con el nombre de otium los romanos y luego ocio en occidente) entendido como las más altas labores del saber sobre nuestra existencia. De ahí, derivó el “negocio” como el trabajo de ganarse el sustento y la supervivencia, una negación de lo principal, el estudio y la contemplación, dando al ocio el contenido de la frivolidad, el divertimiento y el dejar de pensar.

Así pues encontraremos en el estudio las más nobles tareas de cualquier ser humano para concentrarse y poder definir el propio proyecto de vida y no confundirlo con el conocimiento de algunas materias que nos permitan el oficio de vivir.

En la radicalidad del “para qué estudiar”

encontramos la primera de las actuaciones educativas

y con ello poder activar el rol imprescindible

para la noble tarea de comprender.

Pere Monràs

Educación para y desde la comunidad planetaria

conocimiento

Imagen extraída del blog Santiago08’s Weblog.webloc

Parece poco razonable una reflexión sobre la educación “para y desde” la comunidad planetaria (nuestra especie). Pero eludimos un razonamiento que puede ser obsoleto dado que la educación como cultura exige, hoy día, una forma transcultural que permita aunar lo local en lo universal y entender lo universal en lo local.

Podríamos justificar que la globalización económica impuesta por las razones e intereses de la economía (que no necesidades) mediante los medios tecnológicos disponibles y la conectividad global alcanzada. Pero recordemos, que ya PASCAL (1632-1662) abandonó la matemática y la física para dedicarse a la filosofía y a la teología en sus años últimos. De él son las palabras: “la razón no entiende las razones del corazón”. Desde esta perspectiva necesitamos, además, una globalización ambiental, política y social y por ende cultural. No puede favorecerse una sola dimensión, la económica,  dejando las demás atrás. No puede aceptarse  la globalización económica y que la premisa para las reflexiones que nos atañen a la humanidad sean vistas desde la economía antes que nada. Por ello, argumentamos que la reforma de los sistemas educativos no es sólo imprescindible, si no absolutamente prioritaria para no caer en aquello de “lo que no se puede contar no cuenta”, olvidando que “lo que se cuenta no es” (Erault) y que, a nuestro entender, es lo prioritario para no llevar a nuestra especie al abismo.

Dicho esto, la reflexión la llevamos a los contenidos y a los agentes de la educación para el siglo XXI.

  1. No hay ninguna duda de que la educación, la enseñanza, la formación, el aprendizaje debe alcanzar la preparación necesaria para dar plena autonomía a la persona para poder desarrollar su dimensión humana. La igualdad de oportunidades de salida debe alcanzar cualquier lugar. Y ello es tan difícil, complejo y está tan desequilibrado territorialmente en la actualidad, que no hay duda de que debemos comprometernos en ello ya mismo.
  2. Los contenidos deben estar centrados en la transversalidad de los conocimientos de todo tipo (como muestra el gráfico) para desaprender patrones mentales obsoletos y aprender todo lo necesario para decidir en situaciones de incertidumbre e imprevisibilidad, dado el cambio permanente del momento de la historia en el que estamos y que ya no retrocederá a la estabilidad en la que crecimos algunos.
  3. Los agentes educativos se extienden a todos y cada uno de nosotros, para que en cualquier circunstancia de la cotidianidad se dé respuesta inmediata a los comportamientos inadecuados. No admitir la dominancia. No admitir el maltrato. Aprender a asumir la responsabilidad individual y a respetar a la persona en cualquier situación en la que esté.
  4. Bien es cierto que, aquellos que asumimos contribuir con conocimientos específicos a los procesos educativos, sea por la responsabilidad directa derivada de ser padres, la responsabilidad de pertenecer a la comunidad de convivencia o asumir la más específica de trabajar para elevar el nivel educacional, deberíamos celebrar que dejáramos de “tra-bajar” para “tra-subir” o “tra-scender” y ser reconocidos, y a la vez evaluados, como agentes de cambio para la tarea más preciada que podemos asumir.  En todos nosotros se dan las condiciones para que lo que resulte de esta dedicación sean generaciones de personas íntegras que reconozcan que, para distribuir hay que crear y que, en la forma en que creemos la riqueza se inscriba la forma de distribución de los beneficios de cualquier tipo. Una distribución no aplazable, anunciada pero no llevada a cabo, que es la que nos caracteriza ahora.

No hay duda de que la reflexión nos lleva a la impotencia de qué no podemos llevar a cabo esos cambios individualmente ante la naturaleza universal del tema. Seguro que no hay recetas ni respuestas simples, aunque sí hay que tener el coraje de reconocer que las preguntas que nos hacíamos ya no sirven y que lo que ha cambiado es la formulación de las preguntas: Ya no es ¿cómo enseñamos? Más bien, asumir que la pregunta es ¿cómo aprendemos? 

Hay que definirse y apostar:

¿Estamos en una época de cambios o en un cambio de época?

Pere Monràs

Educación: Conexión con la comunidad natural

En el congreso WISE 2014 (World Innovation Summit for Education) celebrado en Doha, al que asistieron más de 1800 personas de todo el mundo implicadas en los sistemas educativos, nos llamó la atención un concepto que creemos clave para la reforma de la educación y que se planteó con mucha pasión por representantes de países no occidentales: romper el aislamiento de la escuela. No puede haber educación sin un compromiso con la comunidad natural a la que se pertenece.

¿Qué entendimos de esta propuesta? ¿qué compartimos?

Que no es bueno separar, fragmentar o situar objetivos por intereses políticos, económicos, u otros. Que no puede existir otra razón que llenar de contenido la dimensión humana de los alumnos. No sirve ya el afán colonizador de enseñar para que nos sirvan, con los esquemas y patrones mentales que cada uno pueda tener. Que educar no es adoctrinar para aumentar los feligreses de nuestra congregación. Que ya no tiene sentido uniformizar para ganar no se sabe qué.

Es tiempo de aprender, todos y juntos, que somos una especie, la humana. Una especie que se ha hecho hegemónica en el planeta Tierra por su capacidad evolutiva y adaptativa. Otros homínidos no tuvieron esta capacidad, ni muchas otras especies la tuvieron en diferentes y variadas circunstancias. Por ello, nos toca desaprender para aprender que no somos el centro de nada, sino más bien, los más obligados a servir a toda la diversidad que configura nuestro sistema, activando el sentido de pertenencia y sustentabilidad en relación a todo aquello que nos lo hace posible. Es necesario aprender a vivir conectados y a ser solidarios, produciendo riqueza y distribuyéndola. Aprendiendo que, según cómo hagamos lo primero no habrá lo segundo. El individualismo exacerbado al que hemos llegado, y que se ha extendido, fomenta la voracidad y la ambición de TENER, olvidado la de SER.

Somos, como especie, individuos sociales, no hay lo uno sin lo otro.

Esta es la educación que nos salva. La que nos incumbe como especie. La imprescindible que nos permita superar, no sólo para algunos, si no para todos, la época de cazadores y recolectores. Hoy, pasados millones de años, habiendo alcanzado grandes logros en prosperidad material, seguimos conviviendo con cazadores y recolectores. En las  mismas zonas donde se concentra el 50% de la humanidad y que llamamos ciudades, siguen existiendo cazadores (por sustracción a otros) y recolectores (de los restos y residuos de algunos) que activan los odios y las envidias, las luchas fratricidas y todas sus consecuencias más nefastas, en términos de robo, pillaje y corrupción provocados por la crisis. No podemos enseñar para los intereses espurios parciales de los dominantes, estén donde estén. Debemos aprender que toda dominancia es, potencialmente, un maltrato y una nueva forma de esclavismo, de dependencia y sumisión.

Debemos encaminarnos hacia un nuevo aprendizaje, válido para la vida del “individuo social”, capaz de encontrar su mejor desarrollo y orgullo en su dimensión humana.

Para ello no es suficiente tener conocimiento reglado, académico, de disciplinas diversas. Resulta imprescindible, y haciéndolo simultáneamente, activar el conocimiento tácito y reconocerlo. Aquel conocimiento que deviene no de la deliberación de la razón sino del compromiso con la vida. Y la vida empieza y se crece con los que están a tu lado primero, y con los que buscas más tarde. Y eso son “las comunidades naturales”, las que te encuentras y las que buscas. Pero con ellas. No sólo.

Dice Nilton Bonder: “Uno de los grandes desafíos en educación es mantener el discernimiento y el compromiso en proporciones adecuadas. Cuando los estudiantes se vuelven aburridos, a menudo es porque su educación favorece el discernimiento frente a la experiencia. Pone un gran valor en la LUZ, pero no enseña cómo reconocer las velas próximas que también tienen el potencial de arrojar luz.

Cuándo tengo la clase llena, encuentro muy difícil enseñar, porque todas y cada una de las personas necesitan su propia comprensión y cada uno busca su propia perfección. Así que lo que doy a todos, a todos se lo quito.

¿Puede aprenderse a vivir lejos de la comunidad a la que perteneces?

Pere Monràs

Gozar aprendiendo


Descartes (1596-1650) inicia con su Discurso del Método una nueva Era. Ni el pensamiento escolástico ni la física aristotélica colman su afán por saber y entender. El principio donde fundamenta su propuesta se origina en la duda. “Dudo de todo, pero al dudar, estoy pensando y si pienso existo (Cogito, ergo sum)”

Nos dice que, para pensar tienes que existir. Dicho de forma  más directa primero existes pero no sólo porqué pienses, pero si, que, si piensas, luego existes. La pregunta que nos queda es pues: “¿Qué es existir?”

El afán de superar el oscurantismo predominante en su época le llevan a desvelar que la razón explica los misterios de la realidad y le permita llegar a leyes universales del mundo físico. Nace la ciencia empírica y el método deductivo que hace inteligibles muchas de las leyes de la naturaleza y la búsqueda de la objetividad en el conocimiento. Por ello, define la razón como fuente de éste y establece la certeza, como la seguridad en la verdad de nuestros conocimientos.

Todo este pensamiento rompe con el misticismo y oscurantismo e inaugura el camino del materialismo científico que inunda y da esplendor a la tecnología y a la múltiple especialización de las diversas disciplinas que nacen y se desarrollan hasta la fragmentación máxima.  Como consecuencia, asistimos a una profundización de la parte  perdiendo su relación con el todo. La defensa del especialismo ya no es la defensa del conocimiento si no la defensa de la parcela para atender el “oficio de vivir.”

Sin embargo, el esplendor conseguido en estos tres siglos ha aportado una prosperidad material sin precedentes, y simultáneamente un vacío enorme en encontrar y dar sentido y propósito a la propia vida. El Proyecto de Vida queda desdibujado y todo se constriñe al simple “oficio de vivir.” Sin dar sentido a lo que nos encontramos ¿no nos abandonamos fácilmente a un presentismo pueril? ¿Cómo podemos vivir apasionadamente el aquí y el ahora sin saber de dónde venimos y a dónde queremos ir?

La educación todavía se rige por ese principio cartesiano de la razón. Pero nuestro contexto ha cambiado. Ahora se despiertan de nuevo dudas trascendentes ¿Sólo lo objetivo cuenta? ¿dónde y cómo movilizamos lo subjetivo?  Nuestro conocimiento interior ¿cómo lo aprehendemos? ¿Cómo puede ser que prioricemos el conocimiento externo, el que nos enseñan, abandonando la búsqueda de nuestra pasión por la vida? Y en términos científicos ¿podemos despejar las dudas sin aceptar “la parte y el todo” (pensamiento sistémico) integrados y “lo tangible y lo intangible”(pensamiento holístico) como indisolubles?

No podemos enseñar desde el pasado. Los estudiantes se aburren y no ven ningún sentido en aprender sin ligarlo a la realidad que viven. Quieren dejar los estudios donde deben competir por unas objetivos que les señalan la meta: el título. Un título ¿para qué? Cómo puede ligarse los objetivos curriculares propuestos obligatoriamente, cuándo el sentido se lo dan otros que además están alejados y muchas veces también ámpliamente desmotivados, sin que a los estudiantes les inspiren confianza alguna.

¿Mejorar la enseñanza? ¿O aprender colaborativamente aquello que nos de sentido para la vida?  La vida no es un objetivo sino un reto: el reto de aprender a vivir desde lo objetivo (existimos) y como “subjetivos” que somos (como sujetos singulares que conformamos una especie de las muchas del planeta).

En ese sentido, ¿podemos NO ser individuos sociales?  Si nos esforzamos en lo primero, ser individuos sin ser sociales, resulta que todo vale (win to lose) “Que yo gane y el otro pierda.”  Si nos planteamos superarlo nos entregamos al win to win (tú y yo ganamos,  ¿y los otros?). Si sólo nos situamos en lo social y despreciamos el valor propio de cada uno, anulamos al individuo por una élite dirigente que nos dirá que es lo que toca hacer. Sólo tiene fundamento natural aunar nuestra identidad individual con la identidad colectiva. No es contra nadie, es con TODOS como logramos resolver lo que nadie sólo puede conseguir.

Por ello se trata de sumar todas nuestras capacidades en superar retos y aprender junto a los demás para, superando los retos propios, alcanzar objetivos que la competencia incentivada del individualismo exarcebado nos impiden alcanzar… y que tanto necesitamos. Véamos (como en el video) que aprender a asumir retos, ya está en nuestra más tierna infancia…si nos dejan y no nos sobreprotegen. Los riesgos vienen y debemos aprender a superarlos con las habilidades y aptitudes de cada uno. Sólo el reto enseña para la vida.

 Nuestra conciencia plena,

sensorial, vivencial, experimental, mental y trascendente

son nuestra fuente energética para los retos de hoy.

 

Queremos aprender, todos juntos, de todo aquello que nadie sabe todavía


Y ESO ES GOZAR. 

De las TIC a las TAC

Las tecnologías de la información y la comunicación aplicadas a la educación han recibido el nombre de TAC (Tecnologías del Aprendizaje y del Conocimiento). En definitiva, a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), en enseñanza, nos proponen llamarlas TAC. Así, sin más. Sin embargo, la implantación irreflexiva de las tecnologías, su irrupción sin cambios más profundos en el aula, nos puede llevar a veces a ver simplemente a nuestros maestros con cara de ordenador.

Las TAC deberían ser las Tecnologías para el Aprendizaje Colaborativo. Un medio y no un fin. Algo que nunca deberíamos confundir. Somos conscientes de que para muchos, las tecnologías son efectivamente un fin, con el poder de transformar los comportamientos de las personas. Pero lo fundamental es establecer cambios de paradigma, la diferencia fundamental debe estar entre enseñar y aprender. Eso sí, con las mejores tecnologías que nos permitan los recursos disponibles.

Nos explicamos.

Un ejemplo: si quiero esquiar y voy a una escuela de esquí … ¿Qué me harán hacer? Seguramente no me encerrarán en un aula viendo vídeos o imágenes a través de una pantalla. Si lo hicieran, sabríamos QUÉ es esquiar, pero lo cierto es que no sabríamos esquiar.

Lo que nos propondrán será ponernos las botas y los esquís, decirnos qué grupo nos corresponde por nivel y empezaremos a bajar por las pistas. Así es como aprendo. Pero no sólo aprendo de lo que hago yo o de lo nos dice el profesor, sino también de ver lo que hacen los demás y como salen, aunque caigan, aunque fallen. Este aprendizaje colaborativo se convierte en un reto, que no necesariamente consiste en ganar al compañero, sino aprender de lo que hace para saber más de mi mismo. Y a él le pasará exactamente igual que a mí.

Es decir, el aprendizaje no excluye, sino que complementa la enseñanza e incluso, de forma mucho más impactante. El aprendizaje llega a la motivación trascendente de aquél que quiere aprender. Al contrario de lo que muchos piensan, no es necesario poner aditivos en el proceso, ni complacencias, ni marionetas, para hacerlo divertido y así, que los niños o niñas se “enganchen”. El aprendizaje colaborativo es el juego creativo por excelencia. Lo que siempre habíamos hecho en la calle, aprender jugando con otros niños y amigos.

La razón es muy sólida: en la enseñanza el alumno memoriza los temas, mientras que en el aprendizaje activo funciona la asociación de ideas. La memoria falla, se olvida, y en aquellos momentos de la vida en que por ejemplo necesitaríamos de alguna fórmula matemática nos decimos: ¿recuerdas aquellas ecuaciones de segundo grado? Ahora nos irían bien. Pero no las recordamos.

En cambio, puedes haber dejado de esquiar durante más de veinte años, pero cuando vuelves, te acuerdas. Estaba aprendido.

No acostumbra a pasar lo mismo en la escuela. Las matemáticas (o cualquier otro de los aprendizajes que se nos transmite en la escuela) deberían ser para la vida. Excepto para aquellos que su vida son aún hoy las matemáticas, en la mayoría de los casos nos limitamos a memorizar los conceptos,  no las aprendimos, y por tanto no las recordamos. Es habitual la frase “es que yo soy de letras” “es que yo no sé de matemáticas”. Nos escudamos en que es (o fue) una asignatura de las más difíciles.

Las nuevas tecnologías pueden ser ese gran aliado en el aprendizaje de las matemáticas o de cualquier otra asignatura. Convertirlas en el medio para aprender. Por muchos motivos. Porque la tecnología nos permite estar conectados, y estar conectados nos permite colaborar. Porque las herramientas virtuales nos invitan a investigar, a jugar, a crear y a compartir. En el instante. Tal y como aprendíamos en la calle, compartiendo juegos y experiencias con los amigos. Aunque ahora lo hagamos de forma virtual.

Pere Monràs