A propósito de la tecnologia educativa

DE AYER A HOY. Nuestra sociedad, entrenada a lo largo de los últimos siglos de Revolución Industrial (XVI-XX) para la producción de objetos de todo tipo en forma progresivamente estandarizada, ha logrado alcanzar grados de bienestar material no conocidos anteriormente.

La base fundamental de estos avances ha sido la aplicación de la ciencia en su vertiente tecnológica. En la cadena de valor, la contribución del factor humano se ha ido sustituyendo por la tecnología. De hecho, el factor humano tan sólo se ha seguido preservando en aquellas funciones y/o tareas que están estrechamente relacionadas con el talento, el nuevo conocimiento y la capacidad competencial.

Las nuevas perspectivas de desarrollo científico y tecnológico que abre la ciencia computacional dan paso a una cuarta Revolución Industrial, Así, pues, nuestro patrón mental no concibe la construcción de lo nuevo si no está necesariamente ligado a la tecnología. Pero esto tan sólo es una verdad a medias. Aunque la tecnología sigue siendo un instrumento de primer orden sigue quedando subordinada a la decisión del experto, hoy llamado “profesional del conocimiento”.

 

LOS PROFESIONALES DEL CONOCIMIENTO. Esta clase de profesional busca, identifica y decide sobre problemas complejos que la dirección de las organizaciones, sea al nivel que sea, no conoce, pero necesita conocer. Esta relación exige complicidad y no sólo el ejercicio del mando y del poder.

Pero, a su vez, esta dinámica profesional requiere de comprensión por ambas partes. Ni una parte puede exigir que se aporte talento por simple imposición ni es esperable que la otra parte quiera aportarlo si no se dan las condiciones adecuadas, es decir que exista un ecosistema apropiado.

Que la semilla pueda desarrollarse en su máximo esplendor no es tan sólo una cuestión genética, depende en gran parte del ecosistema en el que se encuentre.
Los humanos también podemos y debemos encontrar aquel ecosistema que más se ajuste a nuestras condiciones. Por todo ello decimos que no basta con la tecnología, no podemos prescindir del factor humano predispuesto y preparado.

 

ORGANIZARSE. Es preciso repensar la forma de organizarse. Para empezar, necesitamos organizar los datos para obtener información. Una vez la comprendemos, nos comunicamos y así compartimos nuestro conocimiento.
No debemos olvidar que la comunicación humana se enriquece a partir de lo que se siente. Los componentes emocionales se convierten en un filtro que facilita o bloquea el pensamiento, limitando de este modo la capacidad de la mente para discernir sobre el todo y no quedarse sólo con una parte. La robótica aspira a crear los transhumanos, seres que pueden resultar complementarios de la especie humana durante mucho tiempo, aunque no sustitutorios. Vayamos siguiendo las epopeyas de este proceso, sabiendo cada uno donde se sitúa. Más que nunca, toca recordar al gran matemático Pascal al decir “que el corazón tiene razones que la razón no puede entender”.

 

LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. En un reciente artículo de opinión publicado en el diario ARA (edición del 8 de febrero de 2016) el catedrático de la Universidad de Princeton, Carles Boix, hace una reflexión a propósito del Forum de Davos sobre los efectos tecnológicos y laborales y no tanto por el crecimiento de la desigualdad en las últimas décadas, si no por el significado de la cuarta revolución industrial y la posibilidad de que la aplicación sistemática de la inteligencia artificial y la robótica permitan liquidar definitivamente el componente humano de la actividad productiva….Más adelante, afirma en este mismo artículo: ¿Quiere ello decir que nos acercamos a un mundo sin ocupación?…Es imposible de decir…En cambio, la aplicación de tecnologías informáticas en la educación a larga distancia, se ha saldado, de momento, en un gran fracaso.

 

¿METODOLOGÍAS Y/O TECNOLOGÍAS? No conviene separar ambas, puesto que se necesitan indefectiblemente. Pero este orden aparente queda a veces oculto. A menudo consideramos prioritaria la tecnología y le damos un valor superior a cualquier otro aspecto. A veces, el engaño está en pensar que la tecnología nos conducirá hacia el dinero, con lo cual, sin decirlo, orientamos nuestra acción al tener y no al ser.

Si aceptamos que la tecnología es un medio, convendremos que una de sus funciones es contribuir a enriquecer las metodologías (entendidas como la ordenación de nuestros comportamientos hacia la acción).

La opinión que nos aporta Carles Boix, valorada desde su prestigio, nos lleva a evidenciar que la reforma educativa, aún necesitando tecnología, precisa todavía más de metodologías para pensar el método educativo que precisa la sociedad de hoy.

En nuestra opinión deberíamos conceder mayor importancia a este reto. No se trata de disponer de tecnologías para hacer más fácil lo que ya tenemos, sino que estas tecnologías pueden garantizarnos la transformación de nuestro sistema educativo. Se trata de contribuir a desarrollar la simiente, de facilitar que los alumnos adquieran altas capacidades para articular (pensar) nuevos metamodelos que den respuesta a los complejos problemas que se presentan a la humanidad. De todos ellos, los más relevantes se concentran, precisamente, en nosotros mismos en particular y en la educación en general.

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