La malla curricular en la educación del siglo XXI. Siete preguntas necesarias

Primera pregunta: ¿A quién debe servir la malla curricular? ¿A la ideologia dominante del estado?¿A los mercados y sus necesidades? ¿A la comunidad donde uno pertenece? ¿A la sociedad donde uno vive?

Nos pronunciamos: debe servir a la especie, para desarrollar la dimensión humana en sintonía y correspondencia con el hábitat del que se forma parte (el ecosistema). No se puede sobrevivir en el trópico comportándose como si se estuviera en la zona polar. No crece trigo en la estepa.

Segunda pregunta:  Está bien que fortalezcamos nuestra integración con la Naturaleza, pero ¿cómo?:

Nuestra propuesta: buscando el equilibrio con uno mismo y la armonía con el entorno. Y en esta búsqueda del equilibrio, es interesante recordar el enunciado de Yuval Noah Harari, doctor en Historia por la Universidad de Oxford, cuando investigando qué podemos entender por felicidad nos dice: “podría ser que toda nuestra manera de entender la historia de la felicidad, estuviera mal encaminada. Quizás no sea tan importante satisfacer las expectativas de la gente, y que las personas experimenten sensaciones agradables. La pregunta principal es si la gente sabe de verdad quién es.”

Tercera pregunta: Cierto es y será cada vez más importante, constatar que la capacidad de desarrollar los comportamientos más apropiados al entorno a fin de retomar la dimensión humana en todo lo que hacemos, empieza allí donde esté cada persona, cada grupo y cada cultura. Salimos de un largo periplo de más de  tres siglos, donde el gran avance industrial ha forjado una prosperidad material sin precedentes, simultánea a una globalización hegemónica de la economía, de tal manera que hace imprescindible no olvidar el aforismo de que “aquello que no se puede contar, no cuenta; pero aquello que se cuenta, no es”. Debemos preguntarnos si no va siendo hora de girar el foco de todas nuestras actividades hacia las personas como centro de aquellas. Una respuesta así tiene su fundamento no en un “supuesto humanismo”, sino en el amor y la inteligencia de entender la profundidad del cambio de época que vivimos que exige encontrar en el talento y las forma de organizarse talentosas, en la creatividad no amenazada por cualquier forma de uniformidad, para que la fuente del progreso no sea sólo material sino también de todas las dimensiones humanas. Y hacerlo en el contexto de un escenario planetario.

Cuarta pregunta: Sí, éste es el contexto en que nos movemos, ¿puede haber una educación que no entienda la necesaria correspondencia entre los múltiples agentes educativos diversos y una nueva identificación de contenidos sin compartimentarlos en disciplinas aisladas y parcializadas de conocimiento? ¿puede educarse sin atender a la formación del yo personal de cada estudiante para que encuentre la fuerza de su propio talento, su propia luz? ¿cómo intentar preparar niños y jóvenes, que deberán atender principalmente, situaciones de imprevisibilidad y situaciones inciertas, con decisiones arriesgadas y inéditas sobre la propia existencia? ¿se puede prever ante la aceleración tecnológica y compleja del mundo que ya está aquí, la preparación de los futuros responsables de lo que vendrá, si no es activando la conciencia, no sólo la proporcionada por la razón, sino la conciencia sensorial y trascendente? (como resumía Pascal gran matemático): “El corazón tiene razones que la razón no puede entender” ¿Debemos confiar en nuevas  especies, como la robótica u otras alternativas, para la superación de aquellos retos que hemos provocado, sin que nos atrevamos a superarlos nosotros mismos? ¿Tiramos la toalla y como en consecuencia, dejamos que sea el mundo científico quiénes, a lo mejor con escasa confianza en la especie como un todo, sea la que propicie soluciones no humanas? ¿Será superior la confianza en algo nuevo, de naturaleza mayor que la que depositamos en nosotros mismos como especie? ¿Podremos constatar que nosotros como individuos somos muy inteligentes, pero que, como especie, somos idiotas? ¿Es que sin especie, hay individuos?

Quinta pregunta: Crecer uno mismo, aprender quién eres y qué quieres, saber decidir sabiendo en profundidad “lo que quiero y lo mucho que lo quiero” (sic Nilton Bonder), comprometerse no por el análisis de las razones, sino por el impacto social de las consecuencias de las decisiones. Aprender a discernir razonando los aspectos de nuestro compromiso para poder minimizar riesgos, ¿no es ello de mayor enjundia, para sacar adelante y construir el futuro de la especie y del planeta? ¿Que sea muy difícil, que no estemos preparados para llevarlo a cabo, que no es lo que habíamos aprendido a hacer? Pues, empecemos enseguida, sin perder tiempo a aprender de nuevo lo que ahora se precisa, desaprendiendo aquello ya obsoleto. Con lo que hacemos y hemos hecho hasta ahora no tenemos suficiente, ni podremos bajar los enormes porcentajes de fracaso escolar, pero sobre todo formaremos ineptos para la vida a costes muy altos que nos demostrarán que el sistema de la eficiencia (el actual) es totalmente ineficiente. No lograremos una necesaria educación para los retos que tenemos, aprobando asignaturas, ni sacándonos títulos, que no nos sirvan para resolver los problemas que detectamos hoy. La vida no está en los libros. La vida está en vivirla, y de lo que experimentamos desde las propias vivencias aprender con los libros y no de los libros. Con todo el conocimiento acumulado hasta ahora, ya envasado en múltiples espacios, pero, sin que se haya experimentado la vida, veremos, como ya vemos, que la letra no entra por sabia que ésta sea.

Sexta pregunta: ¿puede la respuesta a estas preguntas provenir de un gurú, de un centro educativo con nuevos modelos, o con cualquier tipo de experimento aislado en un determinado territorio? Podría ser si la respuesta debiera ser única. Si se tratara de encontrar un modelo uniforme válido para todas las culturas y territorios. Pero no va así. Precisamente, las respuestas ya están en las mismas preguntas y obedecen sin lugar a dudas a la necesidad de que no haya recetas sino que se estimule el talento diverso de todos los agentes que sepan y quieran escuchar y comprender a los estudiantes, especialmente a los que se aburren y que abandonan los estudios para no retomarlos jamás.

Séptima pregunta:  Y ¿por qué abandonan los estudios, los que los abandonan? Buscamos respuestas en los que están y no en los que no siguen, en los que se van. Por suerte cometemos errores y podemos aprender de ellos. Pero previamente hay que reconocerlos. Y para ello mejor no ir solos, sino hacerlo en colaboración. Buscar con otros, es encontrar antes.

CUANDO CREÍAMOS QUE TENÍAMOS TODAS LAS RESPUESTAS,

DE PRONTO, CAMBIARON TODAS LAS PREGUNTAS.

Pere Monràs

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