Educación: Conexión con la comunidad natural

En el congreso WISE 2014 (World Innovation Summit for Education) celebrado en Doha, al que asistieron más de 1800 personas de todo el mundo implicadas en los sistemas educativos, nos llamó la atención un concepto que creemos clave para la reforma de la educación y que se planteó con mucha pasión por representantes de países no occidentales: romper el aislamiento de la escuela. No puede haber educación sin un compromiso con la comunidad natural a la que se pertenece.

¿Qué entendimos de esta propuesta? ¿qué compartimos?

Que no es bueno separar, fragmentar o situar objetivos por intereses políticos, económicos, u otros. Que no puede existir otra razón que llenar de contenido la dimensión humana de los alumnos. No sirve ya el afán colonizador de enseñar para que nos sirvan, con los esquemas y patrones mentales que cada uno pueda tener. Que educar no es adoctrinar para aumentar los feligreses de nuestra congregación. Que ya no tiene sentido uniformizar para ganar no se sabe qué.

Es tiempo de aprender, todos y juntos, que somos una especie, la humana. Una especie que se ha hecho hegemónica en el planeta Tierra por su capacidad evolutiva y adaptativa. Otros homínidos no tuvieron esta capacidad, ni muchas otras especies la tuvieron en diferentes y variadas circunstancias. Por ello, nos toca desaprender para aprender que no somos el centro de nada, sino más bien, los más obligados a servir a toda la diversidad que configura nuestro sistema, activando el sentido de pertenencia y sustentabilidad en relación a todo aquello que nos lo hace posible. Es necesario aprender a vivir conectados y a ser solidarios, produciendo riqueza y distribuyéndola. Aprendiendo que, según cómo hagamos lo primero no habrá lo segundo. El individualismo exacerbado al que hemos llegado, y que se ha extendido, fomenta la voracidad y la ambición de TENER, olvidado la de SER.

Somos, como especie, individuos sociales, no hay lo uno sin lo otro.

Esta es la educación que nos salva. La que nos incumbe como especie. La imprescindible que nos permita superar, no sólo para algunos, si no para todos, la época de cazadores y recolectores. Hoy, pasados millones de años, habiendo alcanzado grandes logros en prosperidad material, seguimos conviviendo con cazadores y recolectores. En las  mismas zonas donde se concentra el 50% de la humanidad y que llamamos ciudades, siguen existiendo cazadores (por sustracción a otros) y recolectores (de los restos y residuos de algunos) que activan los odios y las envidias, las luchas fratricidas y todas sus consecuencias más nefastas, en términos de robo, pillaje y corrupción provocados por la crisis. No podemos enseñar para los intereses espurios parciales de los dominantes, estén donde estén. Debemos aprender que toda dominancia es, potencialmente, un maltrato y una nueva forma de esclavismo, de dependencia y sumisión.

Debemos encaminarnos hacia un nuevo aprendizaje, válido para la vida del “individuo social”, capaz de encontrar su mejor desarrollo y orgullo en su dimensión humana.

Para ello no es suficiente tener conocimiento reglado, académico, de disciplinas diversas. Resulta imprescindible, y haciéndolo simultáneamente, activar el conocimiento tácito y reconocerlo. Aquel conocimiento que deviene no de la deliberación de la razón sino del compromiso con la vida. Y la vida empieza y se crece con los que están a tu lado primero, y con los que buscas más tarde. Y eso son “las comunidades naturales”, las que te encuentras y las que buscas. Pero con ellas. No sólo.

Dice Nilton Bonder: “Uno de los grandes desafíos en educación es mantener el discernimiento y el compromiso en proporciones adecuadas. Cuando los estudiantes se vuelven aburridos, a menudo es porque su educación favorece el discernimiento frente a la experiencia. Pone un gran valor en la LUZ, pero no enseña cómo reconocer las velas próximas que también tienen el potencial de arrojar luz.

Cuándo tengo la clase llena, encuentro muy difícil enseñar, porque todas y cada una de las personas necesitan su propia comprensión y cada uno busca su propia perfección. Así que lo que doy a todos, a todos se lo quito.

¿Puede aprenderse a vivir lejos de la comunidad a la que perteneces?

Pere Monràs

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