Gozar aprendiendo


Descartes (1596-1650) inicia con su Discurso del Método una nueva Era. Ni el pensamiento escolástico ni la física aristotélica colman su afán por saber y entender. El principio donde fundamenta su propuesta se origina en la duda. “Dudo de todo, pero al dudar, estoy pensando y si pienso existo (Cogito, ergo sum)”

Nos dice que, para pensar tienes que existir. Dicho de forma  más directa primero existes pero no sólo porqué pienses, pero si, que, si piensas, luego existes. La pregunta que nos queda es pues: “¿Qué es existir?”

El afán de superar el oscurantismo predominante en su época le llevan a desvelar que la razón explica los misterios de la realidad y le permita llegar a leyes universales del mundo físico. Nace la ciencia empírica y el método deductivo que hace inteligibles muchas de las leyes de la naturaleza y la búsqueda de la objetividad en el conocimiento. Por ello, define la razón como fuente de éste y establece la certeza, como la seguridad en la verdad de nuestros conocimientos.

Todo este pensamiento rompe con el misticismo y oscurantismo e inaugura el camino del materialismo científico que inunda y da esplendor a la tecnología y a la múltiple especialización de las diversas disciplinas que nacen y se desarrollan hasta la fragmentación máxima.  Como consecuencia, asistimos a una profundización de la parte  perdiendo su relación con el todo. La defensa del especialismo ya no es la defensa del conocimiento si no la defensa de la parcela para atender el “oficio de vivir.”

Sin embargo, el esplendor conseguido en estos tres siglos ha aportado una prosperidad material sin precedentes, y simultáneamente un vacío enorme en encontrar y dar sentido y propósito a la propia vida. El Proyecto de Vida queda desdibujado y todo se constriñe al simple “oficio de vivir.” Sin dar sentido a lo que nos encontramos ¿no nos abandonamos fácilmente a un presentismo pueril? ¿Cómo podemos vivir apasionadamente el aquí y el ahora sin saber de dónde venimos y a dónde queremos ir?

La educación todavía se rige por ese principio cartesiano de la razón. Pero nuestro contexto ha cambiado. Ahora se despiertan de nuevo dudas trascendentes ¿Sólo lo objetivo cuenta? ¿dónde y cómo movilizamos lo subjetivo?  Nuestro conocimiento interior ¿cómo lo aprehendemos? ¿Cómo puede ser que prioricemos el conocimiento externo, el que nos enseñan, abandonando la búsqueda de nuestra pasión por la vida? Y en términos científicos ¿podemos despejar las dudas sin aceptar “la parte y el todo” (pensamiento sistémico) integrados y “lo tangible y lo intangible”(pensamiento holístico) como indisolubles?

No podemos enseñar desde el pasado. Los estudiantes se aburren y no ven ningún sentido en aprender sin ligarlo a la realidad que viven. Quieren dejar los estudios donde deben competir por unas objetivos que les señalan la meta: el título. Un título ¿para qué? Cómo puede ligarse los objetivos curriculares propuestos obligatoriamente, cuándo el sentido se lo dan otros que además están alejados y muchas veces también ámpliamente desmotivados, sin que a los estudiantes les inspiren confianza alguna.

¿Mejorar la enseñanza? ¿O aprender colaborativamente aquello que nos de sentido para la vida?  La vida no es un objetivo sino un reto: el reto de aprender a vivir desde lo objetivo (existimos) y como “subjetivos” que somos (como sujetos singulares que conformamos una especie de las muchas del planeta).

En ese sentido, ¿podemos NO ser individuos sociales?  Si nos esforzamos en lo primero, ser individuos sin ser sociales, resulta que todo vale (win to lose) “Que yo gane y el otro pierda.”  Si nos planteamos superarlo nos entregamos al win to win (tú y yo ganamos,  ¿y los otros?). Si sólo nos situamos en lo social y despreciamos el valor propio de cada uno, anulamos al individuo por una élite dirigente que nos dirá que es lo que toca hacer. Sólo tiene fundamento natural aunar nuestra identidad individual con la identidad colectiva. No es contra nadie, es con TODOS como logramos resolver lo que nadie sólo puede conseguir.

Por ello se trata de sumar todas nuestras capacidades en superar retos y aprender junto a los demás para, superando los retos propios, alcanzar objetivos que la competencia incentivada del individualismo exarcebado nos impiden alcanzar… y que tanto necesitamos. Véamos (como en el video) que aprender a asumir retos, ya está en nuestra más tierna infancia…si nos dejan y no nos sobreprotegen. Los riesgos vienen y debemos aprender a superarlos con las habilidades y aptitudes de cada uno. Sólo el reto enseña para la vida.

 Nuestra conciencia plena,

sensorial, vivencial, experimental, mental y trascendente

son nuestra fuente energética para los retos de hoy.

 

Queremos aprender, todos juntos, de todo aquello que nadie sabe todavía


Y ESO ES GOZAR. 

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