Tiempo de aprender. Del tiempo lineal al tiempo circular (I)

Pere Monràs de Helix3C vuelve a regalarnos un espacio para la reflexión con su artículo sobre “La educación del futuro” esta vez  ahondando en el cambio de paradigma de la gestión del tiempo en la escuela. Os dejamos con la primera parte…

Siempre nos han dicho que la línea recta es el camino más rápido entre dos puntos. Es el tiempo newtoniano válido como ley simple del movimiento de los objetos aislados. Así pues la manzana cae por la acción de la gravedad y como se decía irónicamente: “dirán lo que quieran pero cae por su propio peso”. La gran revolución newtoniana emprendió entre otros importantes movimientos intelectuales “el siglo de las luces”, la Ilustración. El mundo deja de ser oscuro, abocado al misterio y a los dioses, y la razón da explicación a lo que no entendemos. Comienza una nueva época hacia el materialismo científico y el Racionalismo es la teoría filosófica que inaugura la modernidad. El Racionalismo se puede definir globalmente como la filosofía que defiende la autosuficiencia de la razón como fuente de conocimiento… la centralidad del método cartesiano está en que pensar correctamente es “Pensar ordenadamente”. Si nos equivocamos en el razonamiento es porque no lo hacemos con método, es decir, con orden, paso por paso.

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Aplicado a la educación todos los principios de las élites del racionalismo se instauran la escuela como estructura donde acoger a los niños y jóvenes durante un largo periodo de años, para enseñar las diferentes disciplinas del conocimiento y el método científico que permite llegar a él. Pero como bien dice Aniko Husti ¿no estaremos pasando del “tiempo escolar” lineal al “tiempo de aprender” en todo momento? ¿Un tiempo circular no finito como nuevo paradigma?

En la enseñanza lineal el tiempo se fracciona en periodos establecidos para cada tipo de materia, desprovista de su conexión con la vida y atendiendo sólo al abordaje por la razón de las diversas y compartimentadas materias o disciplinas, sin vínculo entre ellas. Cada disciplina de la enseñanza tiene un programa como objetivo y debe llegarse a un resultado que será testeado el final. Lo que se evalúa son los conocimientos parciales no integrados, sino compartimentados. Una metodología de enseñanza que se correspondía con la vida del trabajo y la división del tiempo del 8×3: 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de movilización y desplazamiento (tan bien “grafitadas” en el Mayo del 68).

Pero es el mismo conocimiento, en todas sus vertientes científicas y tecnológicas, el que nos ha permitido que la razón haya cambiado el panorama de nuestra sociedad y nuestros estilos de vida, de trabajo y de organizarnos. Y cabe preguntarse: ¿cómo puede ser que estos enormes cambios de visión, de la producción y de los estilos de vida, no requieran cambios en la educación?  Y específicamente ¿cómo podemos hoy en día aprender sin que los mitos del pasado nos ahoguen y bloqueen?

Cuando decimos que ahora el tiempo es circular lo decimos por qué no se mueve por objetivos y resultados aislados unos de otros. El conocimiento circular requiere una inteligencia también circular, una conciencia no individualista donde cada persona debe de cumplir su objetivo, sino que la colaboración con otros, se esté donde se esté del círculo, es la única manera de llenarlo. Ya no es un objetivo propuesto por alguien, sino un reto de cada uno para aportar al conjunto lo mejor que se tenga a fin de adquirir aquello a lo que no se llega individualmente. Y es mediante el conjunto de retos derivados de la superación de cada uno como se puede añadir valor al conjunto.

El valor del aprendizaje no proviene de las propias competencias adquiridas sino de la suma energética, de la puesta en común de los límites que individualmente se constatan y que se pueden superar con la inteligencia compartida.

Un nuevo campo de avance de la humanidad: la activación de las potencialidades del factor humano en sus relaciones. La razón debe llevarnos también a conocer sus límites y la lógica racional que se deriva se ve exponencialmente potenciada por la lógica relacional donde la función del individuo social que es consustancial a la especie sapiens tiene su máximo desarrollo.

“NO TENEMOS TIEMPO”  decimos. Y es que la razón no da más de sí, si va sola. La relación permite que el individuo social active la parte y el todo, lo que se ve y lo que no se ve. Los resultados ya no se miden por el productivismo sino por la aportación de valor al todo, donde la parte se puede desplegar. Se trata de entrar de lleno en la dimensión humana de lo que hacemos. Es entonces, CUANDO HACEMOS NUESTRO EL TIEMPO.

 

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